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Grass y los pecados de vejez

por Henryk M. Broder

 

(Artículo publicado en el diario Die Welt, el día 1 de octubre de 2012, pág. 21)

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La juventud, dice el escritor Klaus Rifbjerg (81), quien en Dinamarca es tan venerado como entre nosotros Günter Grass, “tiene siempre razón; se puede comportar de manera estúpida, hacer cosas que me repugnen, pero la juventud tiene siempre razón”. En Alemania, por el contrario, impera otro punto de vista y se habla con gusto de “pecados de juventud”; el concepto “pecados de vejez” no existe. Se admira la “sabiduría del anciano” y se escucha atentamente a los hombres mayores que dicen insensateces, indistintamente de si es un cabaretista que ha olvidado su actuación en el NSDAP o un ex canciller que afirma que en la masacre de la plaza de Tian’anmen el ejército chino únicamente se “defendió”. Tan pronto se llega a una determinada edad, a uno ya no se le toma nada a mal.

En estos días tiene que aparecer un nuevo volumen de poesía de Günter Grass. El libro, escribe un compañero que ya lo ha podido leer, contiene “textos conmovedores sobre la ancianidad y la muerte”. El poeta es “incómodo para Israel”, puesto que alaba “como héroe y modelo” a Vanunu, el técnico nuclear israelí condenado por espionaje y exhorta “a revelar los secretos militares” por todo el mundo.

Tales frases dejan entrever algo terrible y los temores aumentan todavía más con las pocas citas intercaladas. Que la Iglesia Católica no condene más el onanismo como un pecado grave, Grass lo comenta con las siguientes palabras: “Incluso nuestro Papa puede hacer ahora descaradamente / lo que él desde siempre ha hecho: reír redimido / lo vemos, liberado de los pecados y de la indulgencia”.

Esto por supuesto es enormemente valiente, ya que el Papa podría promulgar una fatua contra Grass o proclamar un recurso de urgencia contra calumnias. A Grass no le inquieta esto, ya que él es un “ciudadano crítico” que “lucha por la democracia y denuncia sin miramientos las injusticias”, escribe el compañero. Como muestra, cita tres versos: “Por mi amor a cierto país / por el cual estoy detenido / en caso de necesidad, como astilla en el ojo”. Sí, esto no es sólo sin miramientos, esto es ya un caso para el servicio nocturno del ambulatorio: ¡Astilla en el ojo! ¡Arena en el engranaje! ¡Aceite en el carburador!

A pesar de que se conoce todavía poco de la última obra con el título “Eintagsfliegen (Flor de un día)”, por lo menos una sospecha inicial está ya fundamentada: Grass es demasiado mayor o demasiado vago para escribir un texto político como es debido y se aferra a un método que ya había llevado a la perfección Erich Fried (“y Vietnam y”): el salto de línea. Quien no sabe pintar, hace collage; a quien le resulta difícil la poesía, hace de “castañas / que en octubre / están húmedas en la mano” un poema. Enviado anónimamente no lo publicará jamás el “Dinkelsbühler Zeitung”, pero cuando viene bajo el nombre de marca “Grass”, a los críticos se les derriten las piernas y, si son flores de un día, caen muertas al suelo.