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El Nobel de Europa

A diferencia de algunos otros premiados recientemente, la Unión Europea se ha ganado su premio.

(Editorial del WSJ publicado en la edición europea el día 15 de octubre de 2012, pág. 16)

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El viernes, el Comité del Nobel otorgó el Premio de la Paz 2012 a la Unión Europea. Teniendo en cuenta a algunos otros premiados recientemente, la elección podría haber sido peor. Pero nadie puede negar que la UE ha ayudado a asegurar la paz en un continente que hasta 1945 había estado constantemente en guerra.

La Comunidad Europea del Carbón y del Acero se estableció en 1950 con la idea de que si los países comerciaban libremente con aquellas mercancías vitales, no habría más lucha entre ellos. La UE es un magnífico representante actual del mismo ideal: Paz y prosperidad a través de la libertad y del comercio.

Mas es imposible no darse cuenta de que este premio llega no mientras la UE celebra algún hito o aniversario en particular, sino en medio de una crisis. Explicando su decisión, el Comité del Nobel dijo que prefería concentrarse en el tiempo sin precedentes en que la UE había traído paz a Europa: desde su fundación en 1957 hasta su expansión a las democracias emergentes de España, Portugal y Grecia en los años 80 y la adhesión de países del antiguo Pacto de Varsovia en el 2004.

Todo esto es digno de reconocimiento y los más violentos críticos de la UE tienen la tendencia a pasar por alto el papel de la Unión en asegurar una Europa (casi) unida y (en gran parte) libre.

Así y todo, los más fervientes defensores de la UE pueden ser a veces igualmente culpables de tomar la Unión como algo dado. Europa no ha conocido siempre la paz y la prosperidad y no hay garantías de que lo siga haciendo siempre. Los europeos de hace un siglo también pensaban que el estallido de una guerra que abarcase a todo el continente era impensable; viajaban y comerciaban libremente a través de todo el continente.

La crisis del euro, que empezó con la falsificación de la contabilidad en Atenas, es una amenaza mucho más grave para la UE en su conjunto de la que los líderes europeos están, por lo general, dispuestos a reconocer. Un partido neo-nazi que hace dos años apenas tenía un 1% es ahora el tercer partido más importante de Grecia, según encuestas recientes, eclipsando incluso al partido socialista Pasok, que regía el anterior gobierno. Las manifestaciones en masa contra unas medidas de austeridad que son vistas como impuestas por Bruselas y Berlín en contra de la voluntad de la población son corrientes en la Europa de hoy en día.

Desde su inicio, la UE ha flotado por encima de las convulsiones de la política democrática. La UE es una unión de democracias, pero no es democrática en sí misma. Esto ha generado un cierto tipo de arrogancia en Bruselas: la sensación de que si los líderes de la UE hacen lo que creen que deben, el pueblo al final estará de acuerdo. Pero el ejercicio de estos poderes pondrá a las instituciones de la UE en contacto –y en conflicto– con los ciudadanos de la UE a un nivel que no habían experimentado nunca antes.

En el caso de que no sirva para otra cosa, el premio del Comité del Nobel es una advertencia de que una Europa en paz y unida es la excepción más que la norma en la historia. Su preservación en la segunda mitad de siglo de su existencia requerirá fidelidad a los principios fundacionales: que se les dé a las personas, a los bienes y al capital la máxima libertad posible para cruzar fronteras para que los ejércitos no estén tentados a hacerlo.