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Mark Steyn: Obama, un mejor presidente para el futuro

(Publicado originalmente en The Orange County Register 28 de septiembre de 2012).

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Uno a veces desearía que el gran visionario apartase la vista del lejano y distante horizonte para centrarse en el monótono presente en el que el resto de nosotros tenemos la desgracia de vivir.

 

Por MARK STEYN

 

Una de las razones por las cuales Barack Obama es considerado el mayor orador de nuestra época es que está siempre dando la lata con alguna otra época todavía por llegar, por ejemplo, ¡el Futuro! Un futuro sobre cuyos contornos está remarcablemente convencido e ilimitadamente seguro: El futuro pertenecerá a las naciones que inviertan en educación, puesto que los niños son nuestro futuro, pero el futuro no pertenecerá a las naciones que no inviertan en proyectos de energías renovables, puesto que los promotores que funcionan con energía solar son nuestro futuro y, en especial, el futuro pertenecerá a los que recuerden la era de Obama y se maravillen de que hubo un hombre previsor con el coraje suficiente para asumir el duro trabajo de detener la subida de los océanos, puesto que el futuro pertenece a la gente sobre masas de tierra viables. Este truco futurístico es un instrumento retórico barato y cursi (habla aquí el autor de un libro titulado “After America”, cuyo título es menos futurista de lo que pueden pensar), pero parece funcionar bien con los impresionables Obamailarines de los corresponsales de prensa.

Y así fue con el habitual discurso visionario, inspirador, histórico, etc. del Presidente Obama en la Asamblea General de las Naciones Unidas el otro día[1]: “El futuro no debe pertenecer a los que molesten a las mujeres”, dijo al mundo en referencia o bien a los clitoridectomistas egipcios o bien al Partido Republicano, dependiendo de los gustos. “El futuro no debe pertenecer a los que ataquen a los cristianos coptos”, añadió. ¿Quieres decir a los chicos musulmanes? Guau, no saquen conclusiones precipitadas. “El futuro no debe pertenecer a los que calumnian al Profeta del Islam”, declaró, introduciendo en la jurisprudencia estadounidense el nuevo concepto de poder calumniar a un tío que lleva muerto un milenio y medio. Si entiendo bien la visión acumulativa del discurso, el futuro pertenecerá a los musulmanes ecuménicos feministas gays. Pueden confiar en ello. Pero no se equivoquen, como diría y de hecho dijo: “Nos enfrentamos a una elección entre la promesa del futuro o las prisiones del pasado y no nos podemos permitir equivocarnos”. Porque si lo hacemos, podríamos pasar nuestro futuro viviendo en las prisiones del pasado, las cuales olvidamos demoler en el presente por incumplimiento de códigos de accesibilidad para sillas de ruedas.

¡Y la multitud enloqueció! Bueno, vale, no lo hizo. Eran unos burócratas transnacionales con dieta de viajes, así que aplaudieron con respeto y salieron un momento para tomarse un descanso en el baño antes del presidente de Serbia. Pero si yo hubiese sido uno de los peces gordos trotamundos lo suficientemente afortunado como para ser invitado –el primer ministro de Azerbaiján, por ejemplo, o el viceministro de turismo de Guinea Ecuatorial–, habría respondido: Bueno, tal vez el futuro pertenecerá a los que otorguen poderes a las mujeres y no desprecien a Mahoma. Pero tal vez pertenecerá a enanos albinos con chancletas rosas. ¿Quién sabe? Qué será será, lo que quiera que sea, será, el futuro no nos corresponde a nosotros verlo [2]. Pero una cosa que podemos asegurar es que el futuro no pertenecerá a perdedores arruinados. Eres el tío más arruinado en la sala, eres el presidente de Arruinadistán. Tienes que devolver 16 trillones de dólares simplemente para quedarte luego sin nada, nothing, cero. ¿Quién demonios eres tú para decirnos a quién pertenecerá el futuro?

Los excitables chavales alrededor del planeta que queman embajadas americanas con impunidad parecen haberlo comprendido, incluso si la multitud de pantalones a rayas de Turtle Bay es demasiado educada como para mencionarlo. Obama no es el Presidente del Futuro. Es el Presidente de ahora y uno a veces desearía que el gran visionario apartase la vista del lejano y distante horizonte en el que las mujeres escolarizadas y los imames que escupen fuego cual dragones juguetean y retozan juntos alrededor de sus Chevy Volts, para centrarse en el monótono presente en el que el resto de nosotros tenemos la desgracia de vivir.

En la América en la que Barack Obama tiene la tediosa tarea de presidir de hecho, el crecimiento del PIB del segundo trimestre se revisó a la baja de un 1.7% a un 1.3% o, dicho en cristiano, de “levemente detectable” a “comatoso”. Los pedidos de productos de consumo duraderos cayeron un 13.2% o, como diría Obama, el futuro no debe pertenecer a los que posean electrodomésticos. El crecimiento del capital social (que básicamente mide la inversión en nuevos equipos y software o, como diría Obama, la inversión en “el futuro”) está en su nivel más bajo desde que se empezó a registrar. Hay 261.000 nóminas menos que cuando Obama asumió el cargo: en una nación a la que (oficialmente) llegan 100.000 inmigrantes cada mes. Hace unas semanas, un análisis de los datos de empleo del gobierno realizado por la empresa nacional más antigua de recolocación, Challenger, Gray & Christmas, descubrió que, de los 4.319.000 trabajos nuevos americanos creados desde enero de 2010, 2.998.000 –cerca de un 70%– fueron a parar a gente de 55 o más años de edad. Esto es un dato estadístico remarcable, incluso en una tierra de estudiantes de instituto de 31 años a lo Sandra Fluke[3]. Ya casi empiezas a distinguir la vaga e inquietante sensación de que el futuro no pertenece a americanos de 54 años o más jóvenes.

Sin duda vivir en el futuro de Obama será estupendo. Pero mientras tanto tenemos que vivir su presente, aquél del que él está nominalmente al cargo, el único disponible. Es tentador compararlo con un gran mago, produciendo ingeniosamente banderas de muchos países sacadas del bolsillo de la camisa mientras seduce a la audiencia. En realidad, la seducción de Obama no es ni siquiera tan buena: en esencia, está prometiendo hacer trucos espectaculares en algún momento no especificado del futuro incluso mientras permanece sobre un escenario con una chistera vacía y la chica con pantalones cubiertos de lentejuelas que cortó por la mitad yace en el suelo sangrando.

Hace dos semanas, en este espacio, escribí que, en sorprendente contraste con la línea oficial, la matanza de Bengasi no fue una reseña cinematográfica espontánea que se fue un poco de las manos, sino una catastrófica brecha en la seguridad y un fiasco humillante para los Estados Unidos. Más increíble todavía, el 14 de septiembre, poco menos de dos docenas de cabreros endogámicos iletrados llevaron a cabo la mayor destrucción de instalaciones aéreas estadounidenses desde la Ofensiva del Tet en 1968, irrumpiendo en el Camp Bastion (desafortunada elección del nombre) en Afganistán, matando al teniente coronel Christopher Raible y volando un escuadrón de Harriers. Y, aunque fue la tercera humillación para los Estados Unidos en cuestión de días, ni siquiera salió en los periódicos. Porque los eunucos de la corte de los medios están demasiado ocupados babeando las apariciones de Obama y los que él llama “un placer para la vista” en el sofá entre Barbara y Whoopi.

El placer para la vista está en el ojo del espectador. Y para la turba ululante de Túnez a Yakarta esos americanos muertos y las banderas de al-Qaida sobre las embajadas estadounidenses y el escuadrón aéreo completo de USMC reducido a chatarra chamuscada son la auténtica línea de producción Willie Wonka placentera para la vista. Para el presidente, sólo son “baches en el camino” hacia las altas tierras soleadas del “futuro”. ¡Adelante! Obama ha vivido toda su vida de “la promesa del futuro”: el Graduado Más Prometedor de Columbia en 1983, el Organizador Comunitario Más Prometedor de 1988, el Falso Autor de Memorias Más Prometedor de 1995, el Candidato Presidencial Más Prometedor de 2008... El resto de nosotros, ¡ay!, tenemos que vivir en el presente que ha creado, un presente visiblemente carente de promesas. El Politburó Chino lo pilla, el Zar Putin en el Kremlin lo pilla e, incluso, los chiflados haciendo el baile de “¡Muerte al Gran Satán!” en las calles de El Cairo y Lahore lo pillan. El 6 de noviembre descubriremos si los americanos lo pillan también.


[2] Versos de la oscarizada canción interpretada por Doris Day, “Que Sera, Sera”, escrita por Jay Livingston y Ray Evans para la película de Alfred Hitchcock El hombre que sabía demasiado (1956), también protagonizada por la misma Doris Day.

[3] Referencia a la controversia entre la estudiante de derecho de 30 años Sandra Fluke y el famoso locutor de radio republicano Rush Limbaugh. En su programa del 29 de febrero de 2012, como respuesta a las declaraciones de la primera de que una estudiante gasta alrededor de 3000 dólares a lo largo de su carrera en anticonceptivos, y que esta cantidad debe ser subvencionada por el gobierno, Limbaugh respondió: “¿Qué hay de esa alumna, Susan [sic] Fluke, que se presenta ante un comité del Congreso y básicamente dice que deben pagarle para tener sexo, en qué la convierte eso? La convierte en una puta, ¿no? La convierte en una prostituta. Quiere que le paguen por tener sexoEstá haciéndolo tanto que no le llega el dinero para anticonceptivos. Quiere que tú y yo y los contribuyentes le paguemos el sexo. ¿En qué nos convierte eso? Somos los chulos”. Véase la noticia sobre la polémica en http://www.abc.es/20120305/internacional/abci-sandra-fluke-rush-limbaugh-201203051137.html.