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Como niños mal educados del siglo VII

(Artículo publicado en el diario Die Welt el 17 de septiembre de 2012).

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Los manifestantes contra el vídeo sobre Mahoma actúan como niños que son conscientes de su poder. Del resto se ocupan los adultos en Occidente que abogan por más comprensión. Por Henryk M. Broder.

Si recibo una invitación para ir a comer o para tomar el té al mediodía, pregunto por si acaso si también habrá padres o madres o padres solteros con sus hijos. Si la respuesta es “sí”, entonces le agradezco al anfitrión por haber pensado en mí y me quedo en casa. Pues sé cómo transcurrirá la comida o el té al mediodía. Un puñado de niños mal educados lanzará comida, alborotará por encima y por debajo de la mesa, aterrorizará a los adultos con griterío, éstos por su parte no harán nada para parar los pies a los pequeños, ya que entonces se alborotarían todavía con más fuerza, gritarían todavía más alto y ocasionarían todavía más daños.

No es que tenga nada en contra de los niños, sólo estoy en contra de los padres que capitulan ante su propia descendencia y lo consideran como una obra maestra de la pedagogía.

¿Qué hacen los hombres cuando no protestan?

Lo mismo me pasa cuando veo por televisión a todos esos musulmanes irritados que se manifiestan en Bengasi, El Cairo, Jartum, Islamabad, Yakarta e incluso en Sydney en contra de una película de la que han escuchado que ofende al profeta Mahoma. Entonces me pregunto: ¿Qué hacen estos hombres cuando no se manifiestan? ¿No tienen familia a la cual alimentar? ¿No tienen trabajo? ¿Reciben un salario de una de las muchas ONGs que se ocupan en el tercer mundo de los pobres y de los explotados? ¿Y de dónde obtienen las banderas americanas o judías que luego queman ante las cámaras de la CNN y de la BBC? ¿Se fabrican una por una en casa o hay en Egipto, en el Sudán y en Paquistán empresas que se han especializado en la fabricación de banderas de los estados enemigos?

Sea como sea, una cosa es segura: Los manifestantes actúan como niños que son conscientes de su poder. Saben que nadie se va a atrever a cruzarse en su camino. Más aún: que encontrarán suficientes adultos que expresarán comprensión por su mala conducta. Claus Kleber del “Heute Journal” de la ZDF, por ejemplo, quien, en una de sus tan perfiladas moderaciones idiomáticas, hizo responsables por la escalada de la situación a los “radicales de ambas partes”. O el compañero del “Stern”, que firmó su comentario sobre “un estúpido vídeo” que “subleva al mundo islámico” con el título: “Quien siembra odio, recoge odio”. (Éste era también, por cierto, el lema bajo el cual salieron a la calle la parte “crítica con América” del movimiento pacifista después de los ataques del 11 de septiembre).

Los manifestantes se comportan como niños

El infantilismo de los manifestantes, que se comunican entre ellos con móviles, pero que, por  lo demás, viven en el mundo pétreo del siglo VII, contagia a aquellos que los quieren comprender. Ya sea tras la fatua contra Salman Rushdie, según la cual Los versos satánicos no son una obra maestra literaria, sino que está destinada, ante todo, a ofender los sentimientos de los musulmanes; ya sean las caricaturas sobre Mahoma que aparecieron en el diario danés Jyllands Posten despachadas como “primitivas” y “sin valor artístico”, ahora es “una impertinente película en la que se desprecia al profeta Mahoma y al Islam de una manera ideológicamente malvada y artesanalmente barata”, como si fuera la calidad de la película lo que enfurece a los musulmanes. ¿Supone alguien que los hijos de Alá aplaudirían entusiasmados, si no fuera una película “impertinente” y “artesanalmente barata”, sino una obra maestra de Pasolini o Tarantino?

No se podría exigir tal cosa a los musulmanes, dicen los psicólogos de los pueblos y los expertos en el Islam, pues todavía no estarían tan adelantados como para aguantar malevolencia y burla contra su religión sin que se salgan de sus casillas. Se les tendría que dar todavía algo de tiempo. Quien argumenta de semejante manera, no sólo es un relativista cultural, sino también un sutil racista. Tendría que aconsejar también a los musulmanes, si fuera coherente, que recorrieran largas distancias con el camello en lugar de con el avión y que se les prohibiera el acceso a internet. Puesto que todavía no están tan adelantados.

Pero a aquel que reserva un viaje por internet y luego vuela a Múnich o a Zúrich para un tratamiento en una clínica, también se le puede exigir que no se enfurezca si se ridiculiza a su religión.

La sátira al Papa habría pasado desapercibida

Hace justamente un par de semanas, el “Titanic” publicó una sátira de mal gusto, impertinente y artesanalmente barata sobre el Papa, que habría pasado desapercibida si el Papa no hubiera intentado impedir la difusión del número. Pero el Pontífice ni envío a la Guardia Suiza para castigar a la redacción, ni exhortó a sus partidarios –por lo menos, más de mil millones de personas– a asaltar embajadas. Cursó a través de sus abogados una petición para adoptar una medida cautelar. Un día antes del plazo fijado para la negociación, los abogados retiraron la petición. De esta manera, los críticos del Papa tuvieron de repente dos motivos para alegrarse. Sin embargo, ningún yijadista católico ha llamado a la guerra santa contra los infieles. Y esto no es una excepción, es la regla.

La película “Paraíso: Fe”, una coproducción de la WDR y Arte, con apoyo de varios fondos, se la distinguió con el premio especial del jurado en el festival de cine de Venecia de este año. La película trata de una “hermana misionera” llamada Ana María que “lleva hasta el extremo su amor a Jesús”. Es decir: Ana María se masturba con un crucifijo.

No se precisa de mucha fantasía para imaginarse cuáles habrían sido las reacciones en el mundo musulmán, si Ana María no hubiera utilizado un crucifijo, sino un objeto sagrado para los musulmanes. Ningún jurado del mundo se habría atrevido ni siguiera a aceptar una película tal en el programa. Y se precisa de menos fantasía todavía para imaginarse las reacciones de Claus Kleber y los comentadores del “Stern”, del “SZ” y del “FR”: “impertinente, primitiva, una provocación”.

Occidente tienes dos varas de medir

En este sentido, Occidente, quien defiende su libertad no en casa, sino en el Hindukush, detrás de las montañas Karavanke, tiene dos varas de medir. Estamos fortalecidos moralmente de tal manera que podemos soportar tales provocaciones. Ellos, los musulmanes, tienen que aprender todavía. Y puesto que esto puede durar aún un poco, deberíamos reprimirnos. El ministro del Interior Friedrich ya ha anunciado que impedirá “con todos los medios permitidos por la ley” una proyección de la película “La inocencia de los musulmanes”, no para proteger al público alemán ante una chapuza barata, sino para no echar más “leña al fuego”. El presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento alemán, Ruprecht Polenz, quiere aplicar incluso el parágrafo 166 del Código Penal Alemán que castiga la alteración de la “paz pública”.

Aquí sólo puede ayudar una cosa: La visita a un oasis de la razón, a la cadena árabe Al-Jazeera. La emisora informa de que cada vez son más los sirios que se sorprenden de que un vídeo sobre Mahoma procure en el mundo islámico más agitación que el baño de sangre en Siria. “Queridos musulmanes”, escribe un lector, “nuestro profeta estaría mucho más ofendido por los asesinatos perpetrados por Assad en Siria que por cualquier película irrespetuosa”.