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Dictadura religiosa.

El islamismo aspira a la hegemonía mundial

(Artículo publicado en el diario Die Welt, 15.09.2012)

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La transcendente confrontación con los enemigos de la sociedad abierta transcurre a nivel global, independientemente de los “círculos culturales”. En Oriente Medio, como en cualquier otra parte, producirá todavía terribles conmociones. Por Richard Herzinger.

El asalto a la embajada alemana de Jartum ha demostrado de manera dramática que de nada sirven los intentos de distanciamiento por parte de alemanes y de europeos de los EE.UU., cuando el extremismo islamista desahoga su odio asesino contra la “decadente” y “atea” civilización occidental. La creencia de muchos europeos de ser recompensados con la disponibilidad para el diálogo por parte de los ideólogos islamistas debido a la supuesta profunda empatía cultural europea por las sensibilidades “de los musulmanes” está basada en ilusiones.

No se puede esperar moderación

Quien haya esperado del repliegue y de la transigencia ante el denominado de manera romántica “mundo musulmán” deferencia, un completo refinamiento interior y moderación por parte de los extremistas islámicos, será aleccionado dolorosamente a través de la ola de violencia en Egipto, Libia, Túnez, Yemen y Sudán.

Barack Obama inició su presidencia de los Estados Unidos con un discurso muy alabado en El Cairo, en el que intentó absolver de cualquier tipo de extremismo a un Islam glorificado como baluarte de los valores humanos. En el lenguaje oficial del ministerio de asuntos exteriores de los EE.UU. no se permite desde entonces el uso del término “islamista” en relación con el terrorismo internacional.

Mientras tanto, los EE.UU. se han retirado de Irak y la OTAN ha anunciado su retirada de Afganistán. Pero la esperanza de que esta “desescalada” permitiría que salieran de sus escondrijos multitudes de “talibanes moderados” dispuestos a la reconciliación se ha visto amargamente frustrada. El repliegue militar de Occidente lo conciben los fundamentalistas islámicos y los yijadistas de los colores más diversos únicamente como debilidad que utilizan para chantajear a Occidente incluso en sus propios asuntos de política interior. No en vano, el régimen sudanés ha calificado su ataque contra la embajada alemana como protesta contra la supuesta persecución y humillación de los musulmanes en Alemania.

La finalidad del movimiento de renacimiento islamista no es únicamente la “liberación” del territorio islámico de los invasores extranjeros, es la hegemonía mundial del Islam tal y como ellos lo entienden: como dictadura religiosa totalitaria. Por eso no nos dejarán en absoluto en paz cuando entreguemos a su merced las fuerzas democráticas seculares en Afganistán.

El Occidente tiene que someterse

Asimismo, los militantes salafistas y los terroristas yijadistas que actúan con ellos y que han urdido los disturbios actuales no son el máximo peligro a largo plazo. De manera especialmente virtuosa, los poderosos hermanos musulmanes egipcios, cuya influencia será inmensa tras la caída de Assad en Siria, aprovechan en estos momentos la oportunidad de mangonear a Occidente a través del chantaje.

Por un lado, los hermanos musulmanes se distancian de los desmanes violentos y, por el otro, fomentan la rebelión supuestamente espontánea contra la ominosa película antimusulmana que sirve como pretexto para los disturbios organizados. Con ello le dicen a Occidente: someteos a nuestra forma de entender la religión y la política; para ello fomentamos la violencia directa contra vosotros. Así os llevaréis bien con los próximos gobernantes de Egipto, cuando nos los tengáis que reconocer como legítimos.

El caso de Egipto está, de esta manera, entre Sudán, donde el gobierno mismo se esconde detrás de los disturbios, y Libia, donde una mezcla turbia de yijadistas y los restos del régimen de Gadafi declara la guerra a un gobierno tendencialmente pro-occidental. Si Occidente no está preparado para asegurar procesos de democratización como en Libia, militarmente incluso si es necesario, se verá envuelto de nuevo en el pantano de la violencia ciega y contra su voluntad.

Una transcendente lucha de culturas

Ingenua o pérfida es la reacción de los cronistas occidentales que hacen responsables de la reciente ola de terror islamista a continuas “provocaciones” como el oscuro tráiler en youtube, que representa al profeta Mahoma de manera poco favorecedora. Las “provocaciones” de inclinación derechista contra los musulmanes, como practican aquí grupos como Pro Alemania, pueden ser desde repugnantes a racistas.

Pero mientras se limiten a lo verbal, se diferenciarán, no obstante, de la autolegitimación islamista para la violencia. Asimismo, es mucho más mentirosa la propaganda contra el Occidente “enemigo del Islam” si se compara con la ola brutal de persecución de cristianos en el mundo árabe. Y que ésta produzca diariamente las más desagradables caricaturas antisemitas y canciones de odio, apenas provoca protesta internacional alguna.

Bajo el manto de la “lucha de culturas” y de religiones se perfila en los complejos tumultos tras la primavera árabe un signo de la época: Los últimos avances de la modernización occidental han llegado también a las sociedades árabes. Su ímpetu choca contra la resistencia sangrienta de los antiguos y de los nuevos enemigos de la sociedad abierta.

Esta transcendente confrontación no transcurre de manera nítidamente diferenciada en “círculos culturales”. Es global. En Oriente Medio, como en cualquier otra parte, producirá todavía terribles conmociones.