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El presidente “judío”

No crean a Obama cuando dice que apoya a Israel.

Bret Stephens

(WSJ, martes, 6 de marzo de 2012)

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¿Deberían tomarle la palabra los israelíes y los americanos pro-Israel al presidente Obama, cuando dice – como hizo el domingo en la conferencia política del Comité de Asuntos Públicos americano-israelí en Washington, D.C.– “Yo apoyo a Israel”?

No.

Aquí tenemos a un presidente que ha luchado a brazo partido contra las sanciones a Irán, por las que ahora busca cosechar crédito político. Heredó de la Administración Bush la ayuda en seguridad a Israel que ahora anuncia como prueba de su compromiso “sin precedentes” con el Estado judío. Su secretario de defensa ha puesto en duda repetidamente la eficacia de una opción militar americana contra Irán, a pesar de que el presidente insiste en que ésta está “sobre la mesa”. Sus máximos consejeros de seguridad nacional continúan advirtiendo a Israel de no atacar a Irán, a pesar de que afirma no “presumir de decirles [a los líderes israelíes] lo que es lo mejor para ellos”.

Oh, y su secretaria de estado contesta a una pregunta de un estudiante tunecino sobre el cortejo de los políticos americanos a los “lobbies sionistas” diciendo que “se dicen muchas cosas en las campañas políticas a las cuales no deberían prestársele demasiada atención”. Parece que no se le ocurrió cuestionar la premisa de la pregunta.

Sin embargo, si usted está buscando pruebas acerca de la falsedad del Sr. Obama por lo que se refiere a Israel, vale la pena referirse a lo que sus partidarios dicen de él.

Consideren a Peter Beinart, el otrora defensor de la guerra de Irak que se reinventó a sí mismo como azote liberal del Israel actual y de la corriente dominante del sionismo. El Sr. Beinart tiene un libro que saldrá el mes que viene titulado “La crisis del sionismo”. El capítulo quinto, sobre “El presidente judío”, justifica por completo el precio en la solapa.

La tesis del Sr. Beinart es que el Sr. Obama no ha llegado a su visión de Israel a través de gente como su amigo Rashid Khalidi o su pastor Jeremiah Wright. En realidad, dice el Sr. Beinart, el Sr. Obama recibió su formación acerca de Israel de un círculo de judíos de Chicago de extrema izquierda, quienes “engendraron en Obama una específica y subversiva visión de la identidad judía americana y del Estado judío.”

En el centro de este círculo, explica el Sr. Beinart, había un rabino de Chicago llamado Arnold Jacob Wolf. En 1969, Wolf organizó una protesta en la sinagoga en favor del pantera negra Bobby Seale. A principios de los años 70, fundó una organización que recibió a la Organización para la Liberación de Palestina de Yasser Arafat, veinte años antes de que Arafat renunciara oficialmente al terrorismo. A principio de los años 90, Wolf denunció la construcción del Museo del Holocausto en Washington.

Y, en 1996, el rabino “fue uno de los colaboradores más íntimos y prominentes [del Sr. Obama]” cuando competía para el Senado por el estado de Illinois. Más tarde, Wolf describió la visión del Sr. Obama de Israel como “en la línea de Paz Ahora”, una organización con una larga historia culpando a Israel por el conflicto arabo-israelí.

El Sr. Obama tuvo también otros mentores judíos, de acuerdo con el Sr. Beinart. Una fue Bettylu Saltzman, cuyo padre, el promotor inmobiliario Philip Klutznick, se había unido a Wolf en “su ruptura con el gobierno de Israel en los años 70”. La Sra. Saltzman, escribe el Sr. Beinart, “todavía hierve en hostilidad contra los grupos judíos dominantes” y más recientemente fue activa en grupos políticos judíos de extrema izquierda tales como J Street. Entre otras cosas, fue ella quien “organizó el mitin contra la guerra de Irak, donde Obama proclamó su oposición a una invasión americana”.

Al Sr. Obama, la Sra. Saltzman le presentó David Axelrod, un donante de toda la vida a un grupo llamado New Israel Fund [NIF]. Para hacerse una idea de la visión del mundo del NIF, un cable de WikiLeaks del 2010 señalaba que un director asociado del NIF había contado a los oficiales de la Embajada Americana en Tel Aviv que “la desaparición del Estado judío no debería ser la tragedia que los judíos temen, puesto que esto sería más democrático”.

Otras cosas que aprendemos del pedigrí intelectual del Sr. Obama en el libro de Sr. Beinart: como estudiante en Columbia, perfeccionó sus intereses por el colonialismo estudiando con el posterior agitador pro-palestino el prof. Edward Said. En el 2004, el Sr. Obama “criticó la barrera construida para separar a Israel y sus mayores asentamientos del resto de la Ribera Occidental (West Bank)”. Con “barrera” quería decir la valla de seguridad que prácticamente eliminó la ola de atentados suicidas que costó 1.000 vidas en Israel.

También aprendemos que, de acuerdo con una de las fuentes del Sr. Beinart, al antiguo diplomático Dennis Ross fue reclutado para la campaña de Obama como parte de lo que el Sr. Beinart denomina “la estrategia de inoculación de Obama” para apaciguar la preocupación de los votantes judíos acerca de la sinceridad de sus compromisos con Israel. No es sorprendente que el Sr. Ross fuera una figura marginal en la administración antes de dejarla el año pasado.

En la narración del Sr. Beinart, todo ello es testimonio de que el Sr. Obama está en sintonía con las auténticas visiones de la comunidad judía americana por lo que se refiere a Israel, pero que no sintoniza con el liderazgo de la organización judía. Puede ser. Aun así, uno se pregunta por qué las organizaciones que están más en sintonía con aquellas visiones “reales” raramente parecen encontrar mucha base.

Pero la cuestión importante aquí no es la actitud judío-americana hacia Israel. Es la honestidad del presidente. ¿Está diciendo la verdad cuando se presenta como un amigo de la corriente dominante de Israel o está callándose y esperando su momento? Según el testimonio del favorable libro del Sr. Beinart, el discurso del Sr. Obama en Aipac fue un gran ejercicio de cinismo político.