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Batman combate la política del resentimiento

por Andrew Klavan

(Artículo de opinión en el WSJ, martes, 31 de julio de 2012, p. 18)

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El asesinato es lo contrario del arte: destructivo, empobrecedor, nihilista. Discutir el acto de un asesino como si tuviera algún tipo de relación con una obra cultural es escoltar al viejo enemigo de la humanidad a una de sus ciudadelas. Así que pasaré por alto la masacre en un cine de Aurora, Colorado, con un respetuoso silencio hacia sus víctimas.

Pero la película que se estaba proyectando en aquel cine – “The Dark Knight Rises”[1] – merece ser festejada enérgicamente como una obra maestra y sensacionalmente honesta de la cultura popular occidental.

La película es una valiente apología del capitalismo de libre mercado, una descripción gráfica de la tiranía y de la violencia inherente a todo movimiento izquierdista radical desde la Revolución Francesa hasta el Occupy Wall Street y un tributo a aquellos que encuentran la redención en las duras condiciones de sus vidas en lugar de dejar que esas circunstancias los enfanguen en el resentimiento.

Ninguno de estos temas surge necesariamente de las ideas políticas del cineasta Christopher Nolan, de las cuales no sé nada. Sean cuales sean sus ideas políticas, él es un artista comprometido en crear, en palabras de Shakespeare, “crónicas abstractas y breves de la época”. Aquí es donde se presenta la honestidad del Sr. Nolan.

Después de todo, no hay cineastas socialistas en Hollywood. Hay sólo cineastas capitalistas (Michael Moore, por ejemplo) que hacen películas socialistas. De la misma manera, ninguno de los multimillonarios corporativos bien peinados que presentan los informativos de la red puede apoyar honestamente el movimiento Occupy, el cual, llevado a su conclusión lógica, tendría como resultado el que se les colgara de las farolas.

Pero mientras mancillan repetidamente al movimiento tea party de libre mercado con un racismo que no apoya y lo relacionan con una violencia que no provoca, algunos creadores y periodistas dan su apoyo moral a los “ocupantes” socialistas, subestimando el vandalismo generalizado, el caos y el grosero antisemitismo característico de sus manifestaciones.

“The Dark Knight Rises” es una picante y despiadada crítica de esta confusa y en última instancia indefendible cosmovisión. Y, ¿por qué no? Nuestras clases llenas de palabrería frecuentemente nos dicen que el arte debe decir la verdad al poder y conmocionar al burgués. Sólo que parece que nunca se les ocurre que “el poder” y los modernos Babbitts[2] de la burguesía son lo mismo.

La respuesta del Sr. Nolan – el reparto perfecto y la conclusión brillantemente coreografiada a su trilogía sobre Batman – es una visión sofisticada de la manera en la que de hecho los sistemas económicos funcionan y no funcionan. La esencia de esta visión está encapsulada en dos escenas que se parecen deliberadamente.

En la primera, el resentido villano Bane, articulando trivialidades revolucionarias, escenifica un asalto a la bolsa. En medio del alboroto, escuchamos a un oficial de policía decir del mercado de valores, “Éste no es mi dinero, es el dinero de todos”, un reconocimiento, en otras palabras, de que el 1 % y los otros 99% hacen juntos el trabajo del libre comercio.

Más tarde, después de que la revolución de Bane ha destruido la clase inversora con la violencia del populacho y farsas judiciales y ha precipitado de esta manera a Gotham City al caos, Catwoman y su compañera ladrona entran en una casa saqueada. “Ésta era la casa de alguien”, lamenta Catwoman, despertando su consciencia. “¡Ahora es la casa de todo el mundo!”, se regocija su impenitente colega, regodeándose sobre las ruinas.

El mundo de la película es nuestro mundo y exactamente el contrario al mundo ideado pornuestra intelectualidad. Aquí, libre mercado e inversiones, que, mientras crean hombres super-ricos como el héroe filantrópico Bruce Wayne, también crean una marea creciente de dinero que nos impulsa al resto de nosotros. Mientras tanto, la redistribución forzosa de la propiedad privada se identifica con el robo, el precursor del desorden y el despotismo.

Pero el corazón de la película no es el dinero. Es la gente y lo que ellos deciden hacer con las injusticias de sus vidas. Catwoman es el eje de este tema. Ella es el enlace entre aquellos que, como el capitalista heroico Wayne, permiten que las dificultades templen sus almas y aquellos que, como Bane, se aferran a sus heridas y piden ser recompensados con la destrucción social. Catwoman empieza como una ladrona haciendo proclamas revolucionarias: “Se acerca una tormenta”. Termina confrontándose con la verdadera naturaleza de esta tormenta y con una elección entre ésta y la mejor forma de libertad.

El libre mercado nos impulsa a todos. Las “revoluciones” del pueblo acaban irremediablemente en tiranía. El perdón y el auto-mejoramiento redimen a la sociedad, mientras que las extorsiones resentidas en nombre de la “justicia social” la envenenan. Ninguna de estas simples verdades está escondida en la película. Ésta es la razón por la cual los críticos inclinados a la izquierda de ambas costas han reaccionado ante la película con la misma deliberada ceguera con la que contemplan la historia.

En su lugar, deberían tomar un consejo del fiel mayordomo de Batman, Alfred: “A lo mejor ya es hora de que todos nosotros dejemos de burlarnos de la verdad y la saquemos a la luz”.



[1] El título de la película ha sido traducido en España como “El caballero oscuro: la leyenda renace” (nota del traductor).

[2] Aquí el autor está haciendo referencia a la novela Babbitt (1922) del escritor norteamericano Sinclair Lewis, en donde se criticaba el vacío existencial de la forma de vida de la clase media americana. Gracias a esta obra, Lewis obtuvo en 1930 el premio Nobel de literatura (nota del traductor).