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La estrategia de Rocky II.

La izquierda desesperada: De “El caballero oscuro” a “The Newsroom”.

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II. “The Newsroom”

(Puede acceder a la primera parte de esta columna en este enlace).

 

Para aquellos menos familiarizados con el mundo televisivo estadounidense, “The Newsroom” merece una breve introducción. Esta serie, creada por Aaron Sorkin (“El Ala Oeste de la Casa Blanca”) para la HBO y estrenada el pasado 24 de junio, gira en torno al cómo y al porqué del telediario de una ficticia Atlantis Cable News y la cruzada de su presentador, Will McAvoy (Jeff Daniels), por proporcionar al público estadounidense un debate inteligente y centrado en los hechos que no sepa de izquierdas o de derechas, sino que ponga el dedo en la llaga a republicanos y a demócratas. Como él mismo explica nada más comenzar el primer episodio, América “ya no es el mejor país del mundo. Pero puede volver a serlo”. Una frase que complace tanto a los patriotas republicanos como a los utópicos demócratas que sueñan con una América a la europea. Y no se engañe el lector: Sorkin ha declarado explícitamente que “en mi trabajo no hay ninguna intención política”[1]. No obstante, tras la emisión del tercer capítulo de la serie el pasado 8 de julio, o bien Sorkin miente descaradamente, o bien alguien escribe sus guiones manteniéndole al margen.

La estrategia de “The Newsroom” es bastante sencilla y, a lo largo de este tercer episodio, el espectador no puede sino sentirse confundido ante un Will McAvoy que, hablando del Tea Party, afirma que “han sido corrompidos por la derecha radical que a su vez ha esclavizado a los republicanos moderados”. En definitiva, y para que quede bien claro, “mi partido ha sido secuestrado”, como si de un avión dirigiéndose a las Torres Gemelas se tratase. En la ficticia reinvención a la que Sorkin somete la realidad histórica, republicanos y demócratas fueron en una edad remota liberales luchando por una misma causa, que curiosamente coincide con la demócrata, antes de ser corrompidos por la extrema derecha. Así, aunque Sorkin no lo dice, se explica el imaginario demócrata en el que los republicanos que defendieron las Actas Civiles en favor de los ciudadanos negros serían los demócratas de hoy, mientras los demócratas que se opusieron a las mismas en el pasado serían los republicanos actuales.

¿Cómo sirve exactamente “The Newsroom” a los intereses de la desesperada izquierda? El propio Sorkin se ha molestado en explicárnoslo a través de lo que él ha denominado la “analogía de Rocky II”: Rocky Balboa, el famoso boxeador interpretado por Sylvester Stallone,  era zurdo. En su enfrentamiento con Apollo Creed en la segunda parte de la saga, Mickey lo entrena como si fuese diestro para engañar a su adversario: cuando Mickey grite “Ahora”, Rocky asestará un golpe con su puño izquierdo, inmovilizando a Apollo Creed y ganando el combate. La analogía con el constante debate entre republicanos y demócratas y la insistencia del protagonista en sentarse en la silla de los primeros para ridiculizarlos después deja bastante claro que “The Newsroom” no es más que otro “Homeland” con el que se pretende seducir y engañar a determinados sectores conservadores. Y de paso, como ha señalado Daniel Greenfield, “intentar ganar una discusión reescribiendo la historia y saliendo con todas las salidas que su bando no supo pensar hace dos años”[2]. Por lo patético del espectáculo tal vez no sea necesario detenernos en criticar “The Newsroom” como se merece, pero lo cierto es que esta estrategia se sitúa en la línea de otras series, como la chomskiana “Homeland” –en donde se justificaban las acciones terroristas argumentando que los americanos son, en cierto modo, terroristas para el bando enemigo– o la más reciente “Continuum” –que, a ratos, amenaza por entregarse a los tentáculos del relativismo político–.

Así, preparando la noticia del intento de coche bomba del Times Square, una de las protagonistas, Margaret Jordan (Alison Pill), afirma que “si la religión del terrorista es importante, entonces también lo es la religión del tío que salvó la vida de todos”, un senegalés musulmán llamado Aliou Niasse. ¿Es sólo relevante si su religión es el Islam o también lo sería si se tratase de un cristiano ortodoxo o de un mormón? Cuando Charlie Skinner (Sam Waterston), el presidente de la cadena, afirma durante una discusión que “los hechos son el centro” y no la “derecha o la izquierda”, tal vez debería no haber olvidado que los “hechos” fueron que la religión del terrorista era relevante para él mismo a la hora de llevar a cabo los atentados, puesto que justificó con ella sus acciones. Aliou Niasse, por su parte, no lo hizo.

Pero el espectador ocasional habrá quedado ya seducido por la rápida sucesión de palabras a la que Sorkin somete a sus personajes y, convencido de la veracidad del argumento de Jordan, estará preparado para tragarse todo lo que viene a continuación. Por ejemplo, la acusación de que Koch Industries, una multinacional fundada por los hermanos David y Charles Koch, se haya detrás de la financiación de varias actividades del Tea Party a través de su Americans for Prosperity. Como si sólo los demócratas pudieran obtener financiación de malvadas compañías con nombre de villano de Batman. O como si los ciudadanos opulentos no pudieran ejercer su derecho a ser políticamente responsables. ¿Acaso no financian los hermanos Koch, entre otros, al Instituto Cato, al Institute of Human Studies o a la Reason Foundation, organizaciones que no sólo han criticado a Obama, sino también a su adversario McCain y a la política de Bush en Iraq, llegando incluso a defender el cambio climático? Y no, señor Sorkin/McAvoy, la AFP no fue fundada por los hermanos Koch, sino por ex-miembros de la Citizens for a Sound Economy, con el apoyo de Koch Industries.

A continuación, se arrincona a los republicanos sacando a colación las declaraciones de Jim DeMint sobre el matrimonio homosexual y su relación con enfermedades tales como el SIDA. Haciendo uso de las habituales falacias se introduce un dato que nada tiene que ver con la discusión: durante la primera guerra mundial 18.000 soldados estadounidenses contrajeron enfermedades venéreas cada día. ¿Durante los 19 meses que duró la participación de los EE.UU. en la Gran Guerra? Dado que los EE.UU. movilizaron cerca de cuatro millones de soldados, al cabo de poco más de siete meses la totalidad de las tropas habría contraído alguna de estas enfermedades[3].

Llega por fin el último asalto, en el que Sorkin/McAvoy espera derrotar al confundido republicano con más “hechos” del “centro”. Y nada mejor que mostrar a otro republicano criticando a otros republicanos: Bryce Delaney, que habría perdido contra un dentista –seguramente Paul Gosar– 72 a 28 por no criticar a Obama y por apoyar el proyecto de ley HR2559 junto con un demócrata. Supongo que pocos se habrán dado cuenta de que el tal Bryce Delaney, a diferencia del resto de personajes republicanos sobre los que se discute –salvo Frank Guidry–, es una figura inventada. Y muchos menos sabrán que HR2559 fue patrocinada por un republicano con el apoyo de 15 republicanos (33 en el Congreso 112 en el que se sitúa el episodio).

Y entonces Will McAvoy pierde los papeles. Tras haber lanzado preguntas pretendidamente difíciles a varios interlocutores republicanos a los que no se da la oportunidad de responder (la ficticia Gloria Hansen o Rand Paul), una serie de exabruptos consiguen reunir en pocos segundos, con un cambio rápido de imágenes, a Allen West, Michele Bachmann, Tom Graves, Tim Griffin, Sean Duffy y Jeff Duncan, todo ello edulcorado con una defensa a Obama y una crítica a los islamófobos: “¿Qué estado, qué ciudad, qué condado en este país está en peligro de caer bajo la ley Sharia?”. ¿Intenta decirnos Sorkin/McAvoy que, dado que ningún condado está –todavía– bajo el dominio de la ley islámica –como sí lo están algunos barrios de Europa– no debemos criminalizar a los que inocentemente intentan imponerla?

Comenzar golpeando con la derecha para acabar con un fuerte directo de izquierda parece ser la nueva estrategia adoptada ante la más que presumible derrota del líder demócrata, incluso si esto conlleva reescribir la historia. Como recordaba al principio Daniel Greenfield, esta es una estrategia peligrosa: “inhibe cualquier autoevaluación seria [...] y se obliga a repetir los mismos errores una y otra vez”. Desafortunadamente para ellos, “The Newsroom” va a hacer más daño al “Ala Oeste” de la Casa Blanca que a los republicanos. Y es que, en política estadounidense, uno no tiene que estar de acuerdo con absolutamente todo lo que los republicanos defienden para estar en contra de absolutamente todo lo que los demócratas representan.

 

 - César Guarde