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Sodomía "Por el bien del Islam"

Raymond Ibrahim

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Como una manera posiblemente conveniente de racionalizar lo que uno desea mientras es capaz todavía de sentirse “puro”, cualquier cosa que de otra forma estaría condenada se vuelve permisible. Todo lo que supuestamente importa es la intención de uno o niyya.

 

No sólo escondió el original “suicida de los calzoncillos”, Abdullah Hassan al-Asiri, los explosivos en su recto para asesinar al príncipe saudí Muhammad bin Nayef –se conocieron en 2009, cuando el guerrero sagrado de 22 años “fingía arrepentimiento por sus puntos de vista yihadistas”–, sino que al-Asiri, aparentemente, tuvo compañeros yihadistas que lo sodomizaran repetidamente para “ensanchar” su ano y así poder acomodar los explosivos: todo ello conforme a las fatwas [edictos religiosos] de los clérigos islámicos.

Un vídeo de un telediario árabe de 2010 que está causando estragos en Internet ofrece los detalles. Aparentemente un clérigo, un tal Abu al-Dema al-Qasab, informó a los yihadistas de un “modo innovador y sin precedentes de llevar a cabo las operaciones de martirio: poner cápsulas explosivas en tu ano. Sin embargo, para emprender esta propuesta yihadistas debes aceptar ser sodomizado por un tiempo para ensanchar tu ano y así poder colocar los explosivos”.

Otros preguntaron más pidiendo fatwas oficiales. Citando su deseo por “el martirio y las vírgenes del paraíso”, un yihadista (posiblemente el mismo al-Asiri) preguntó a otro sheikh: “¿Me está permitido dejar que uno de los hermanos yihadistas me sodomice para ensanchar mi ano si la intención es buena?”.

Tras alabar a Alá, la fatwa del sheikh comenzaba declarando que la sodomía está prohibida en el Islam,

Sin embargo, la yihad es lo primero, pues es la cumbre del Islam y, si la cumbre del Islam sólo puede ser alcanzada a través de la sodomía, entonces no hay nada de malo en ello. Pues la norma suprema de la jurisprudencia [islámica] afirma que “la necesidad hace permisible lo prohibido”. Y si los asuntos obligatorios sólo pueden alcanzarse haciendo lo prohibido, entonces se vuelve obligatorio hacer lo prohibido y no hay deber mayor que la yihad. Después de que te sodomice, debes pedir perdón a Alá y alabarlo por encima de todo. Y sé consciente de que Alá recompensará a los yihadistas en el Día de la Resurrección, según sus intenciones: y tu intención, si Alá quiere, es por la victoria del Islam y pedimos a Alá que te la acepte.

Dos puntos importantes y complementarios surgen de esta afirmación: 1) que la yihad es la “cumbre” del Islam, pues hace al Islam supremo (basándose en un hadith, la antigua historia oral de la vida de Mahoma); y 2) que “la necesidad hace permisible lo prohibido”. Estos axiomas no se limitan a modernas fatwas actuales, sino que, de hecho, se cristalizaron hace siglos y fueron aceptadas por los ulema [los eruditos religiosos más importantes para el Islam]. El resultado es que –ya que hacer al Islam supremo a través de la yihad es la mayor prioridad– cualquier cosa que de otra forma estaría condenada se vuelve permisible. Todo lo que supuestamente importa es la intención de uno o niyya.

A partir de aquí pueden entenderse muchas de las aparentes incongruencias de la historia islámica: mentir está prohibido, pero es permisible para investir de poder al Islam; matar intencionadamente mujeres y niños está prohibido, pero es permisible si se hace durante la guerra santa o la yihad; el suicidio está prohibido, pero también es permisible durante la yihad, momento en el cual es llamado “martirio”.

En verdad, los Cinco Pilares del Islam –incluyendo la oración y el ayuno– pueden ignorarse durante la yihad. Tan importante es el deber de la yihad que a los sultanes otomanos –que a menudo pasaban la mitad de sus vidas en el campo de batalla– no se les permitía realizar el peregrinaje obligatorio a la Meca.

Más recientemente, estas ideas han aparecido en forma diferente durante las elecciones de Egipto, cuando los líderes islámicos describieron las votaciones como una forma de yihad y justificaron todo –incluyendo el engaño, que fue considerado “obligatorio”– para investir de poder al Islam.

Según estas dos doctrinas –que culminan en el otorgamiento de poder al Islam, sin importar cómo– puede esperarse cualquier cosa de los aspirantes a yihadistas, a pesar de cuán discutible pueda parecernos el esfuerzo.

Irónicamente, esta mentalidad, prevalente a través del mundo islámico, es la misma mentalidad que muchos líderes y políticos occidentales creen que puede ser apaciguada con simplemente un poco más de respeto, buenos deseos y concesiones por parte de Occidente.

 

Raymond Ibrahim es un Shillman Fellow en el David Horowitz Freedom Center y miembro asociado del Middle East Forum. Para una respuesta del autor a las críticas islámicas recibidas tras la publicación de este artículo, véase http://www.raymondibrahim.com/11992/islam-sodomy-hoax.