Sunday, 19. November 2017

Visitantes

1245454

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

¿Catalanofilia o castellanofobia?

(ABC, Madrid, 14 de marzo de 1919, pp. 3-4).

 banderaespa25C325B1a1

Siempre que he considerado el catalanismo desde el punto de vista sentimental, me han asaltado las mismas dudas y las he condensado en esta sencilla interrogación: ¿es amor a lo catalán, o es odio a lo castellano?

Con la mayor fuerza resurge en mi espíritu este problema al ver el absurdo y apasionado afán con que los estudiantes catalanistas reivindican en la Universidad el derecho a prescindir del idioma castellano en sus relaciones con los catedráticos.

¿Es amor a lo catalán? ¿Quién lo combate? Hay plena libertad para usar su idioma en todas partes y a todas horas; en la familia, en la calle, en los teatros, en el Municipio, en la Diputación, en el Ateneo, en el libro, en el periódico… Pero la unidad pedagógica de la cátedra y el respeto a la enseñanza del Estado como expresión de la unidad espiritual de la nación española exige una pequeña manifestación de solidaridad moral y simpática entre los catalanes y los demás españoles. ¿Es un gran sacrificio? Puede calcularse que en clases de regular número de alumnos cada uno de ellos es preguntado tres veces durante el curso, que el tiempo que ha de hablar él, ya que sus palabras han de ser glosadas o aclaradas por el catedrático, es de quince minutos, y como tres por quince son cuarenta y cinco, lo que se exige a los catalanistas es que hablen el castellano CUARENTA Y CINCO MINUTOS AL AÑO. ¿Es esto tiranía? ¿Hay en ello razón para considerar nación oprimida a Cataluña? ¿Es eso amor al idioma catalán? ¿Es odio al idioma castellano?

Hoy tenemos un argumento de autoridad para sostener que no es el amor al idioma catalán lo que inspira la actuación política del catalanismo. No hay más que repasar los últimos tres números del Bolleti del diccionari de la lengua catalana, que publica en Palma de Mallorca el ilustre filólogo mallorquín D. Antonio Maria Alcover. En el primero de dichos números (Julio, Agosto, Septiembre de 1918) puede verse una historia edificante de los obstáculos que la Lliga regionalista ha puesto a la obra cultural, genuinamente catalana de Mosén Alcover. En el segundo número (Octubre, Noviembre, Diciembre de 1918) se describe el paseo triunfal de Mosén Alcover por varios pueblos de Valencia y de Cataluña, elocuente desagravio de la injusticia y de la ingratitud con que le han tratado los catalanistas, y en el último número (Enero, Febrero y Marzo de 1919) aporta nuevas pruebas contra el caciquismo de la Lliga.

Y como remate de esta campaña, el Padre Alcover ha elevado una exposición al Gobierno de S. M., pidiendo una subvención del Estado español para la obra del diccionario catalán.

He aquí algunos substanciosos párrafos del interesantísimo documento:

“…De modo que los señores del Institut, que claman tan alto y tan fuerte contra el centralismo de Madrid, a lo que van decididamente, encarnizadamente, furiosamente, es a constituir un centralismo lingüístico en Barcelona; pretenden extirpar todas las modalidades lingüísticas de Cataluña, Baleares y Reino de Valencia, para levantar sobre el pavés y hacer reinar doquiera el dialecto barcelonés; pretenden centralizar el catalán, balear y valenciano en Barcelona. Jamás pretendieron tal ni los más exagerados centralistas de Madrid para el castellano, pues sería una enormidad de lo más estrafalario el querer reducir toda la lengua castellana a la modalidad de Madrid, que dista mucho de ser la más pura y floreciente, como es notorio.

De modo que el origen, la raíz y la razón de mi conflicto con el Institut y con Puig y Cadafalch y la Lliga estriba en esto: en que ellos quieren centralizar el catalán en Barcelona, sacrificando todas las modalidades lingüísticas de Cataluña, Baleares y Valencia al dialecto de Barcelona, que es por cierto de los más corrompidos y adulterados; y yo quiero iguales derechos e igual categoría y consideración literaria para todas aquellas modalidades, porque todas juntas, y no una sola, constituyen la lengua catalana.

[…]

En vista de todo esto, como no soy hombre que fácilmente desista de mis planes, y no desisto de ellos sino después de agotar todos los medios que mi obstinación me sugiere, acudo al Gobierno de la nación, al Estado español, que nos lo presentan los catalanistas como enemigo feroz e implacable de todo espíritu e iniciativa regionales; y acudo a este Gobierno, a este Estado en demanda de auxilio y de amparo contra la tiranía insoportable, contra el centralismo atroz de los campeones de la autonomía integral, del nacionalismo catalán, que la Lliga debería llamar más propiamente barcelonés. Sí, acudo a este Gobierno español, a este Estado español en nombre de los centenares de colaboradores con que cuento en Baleares, Cataluña y Reino de Valencia para llevar a cabo la Obra del diccionari de nuestra lengua, que como es tan española como la castellana, como nosotros somos y quisimos ser tan españoles como los castellanos.

[…]

Concediendo el Gobierno español esta subvención a la Obra del Diccionario del catalán-valenciano-balear, la obra se haría y se terminaría con suma rapidez, y el Gobierno español daría una insigne lección de regionalismo a Cambó, a Puig y Cadafalch y a la Lliga Regionalista, quienes después de pasarse muchos años halagándome, haciéndome un caso extraordinario, prometiéndome el oro y el moro para la Obra del Diccionari, porque comprendían que favorecía sus planes, ahora porque creen que ya no me necesitan y por el genio atrabiliario de Puig y Cadafalch y por la sórdida envidia y malquerencia del Institut, me han declarado la guerra a muerte, negándome el agua y el fuego, pretendiendo enterrarme en vida. Concediéndome el Gobierno esta subvención, probaría ante toda España y ante el mundo civilizado que no le anima ningún odio ni prevención contra Cataluña, Baleares ni Valencia; probaría que se toma por la lengua y por la literatura de estas regiones, tan prósperas y tan dignas, el debido interés, la debida solicitud, y, desde luego, mayor interés y mayor solicitud que los que hasta ahora han demostrado la Diputación de Barcelona, la Mancomunidad de Cataluña y la Lliga Regionalista con todos los campeones de la autonomía integral. Demostraría el Gobierno español, concediéndome tal subvención, que no está dominado por ningún espíritu centralista, sino por un amplio espíritu de protección y amparo de todas las realidades y efectividades de la vida española, del bienestar y satisfacción de todas las regiones españolas; demostraría que es más regionalista y descentralizador que la Mancomunidad de Cataluña y que la Diputación de Barcelona, con todos sus organismos científicos y literarios.”

Yo creo que a todos los españoles no catalanistas causarán estos conceptos la misma impresión que a mí. Por su tripe condición de español, de mallorquín y de sacerdote, Mosén Alcover no puede menos de decir verdad y de decirla magistralmente (no en vano es canónigo magistral).

Lo que hace falta es que el Gobierno de Su Majestad se muestre a la altura de las circunstancias y dé a Mosén Alcover los recursos que pide para una obra de cultura y patriotismo.

Los anticatalanistas no somos anticatalanes. Amamos a España y amamos también por la misma razón a Cataluña. No queremos que el castellano sea arrojado de ninguna provincia española. Pero tampoco queremos que desaparezcan las ricas lenguas regionales que avaloran el glorioso acervo de la literatura española.

Sigan inspirándose los catalanista en el odio, que es, por lo visto, su motor de más fuerza.

Los que tenemos fe en España la amamos toda entera, con todas las riquezas históricas de su pasado y todo el tesoro espiritual de sus idiomas regionales…

Antonio Royo Villanova