Sunday, 19. November 2017

Visitantes

1245477

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

EL  IDIOMA CATALÁN

Lo pedagógico y lo político

(ABC, Madrid, 13.05.1930, pág. 11)

 spain-flag1

No creo que pueda molestar a nadie el que se considere a D. Ramón Menéndez Pidal el de más alta representación entre los intelectuales castellanos que fueron recibidos tan entusiasta y merecidamente en Barcelona. Aparte la densidad y permanencia de su obra científica y literaria, verdaderamente definitiva, hace sobresalir su figura el hecho notorio de que no se le han conocido nunca veleidades políticas.

Dos notas muy significativas ha dado con ese motivo el insigne director de la Academia Española: una, en Barcelona, recordando el ejemplo de Milá y Fontanals, que fué muy catalán y a la vez sincero hispanista; otra, en Madrid (entrevista con un redactor del Heraldo), planteando el problema objetivo de la escuela y de su eficacia pedagógica, y apuntando la solución bilingüe para el caso de que el niño no entienda al maestro en la lengua oficial.

Pero es el caso que en este problema hay un aspecto político del que varias veces ha tratado ABC en su editoriales. Y para abordar este problema político no acudiré a ningún autor centralista y asimilista. Me ampararé en un ilustre hombre público, que alcanzó en vida la máxima autoridad y a quien dedica un justo recuerdo de simpatía y gratitud el Sr. Cambó en su último libro. Me refiero a D. Antonio Maura, antecesor de Menéndez Pidal en la Dirección de la Academia Española, y que en funciones de tal dirigió en 1916 al ministerio de Instrucción pública una importante comunicación, que hube yo de registrar como director general de Primera enseñanza. En dicho documento se decía lo siguiente: “…En las Escuelas de Cataluña no se enseña el castellano, y en las que lo enseñan obligan a los alumnos a utilizar gramáticas escritas en catalán, empleando el mismo procedimiento que si se tratase de un idioma extranjero”.

¡De un idioma extranjero!

¿Cómo no recordar aquí a D. Francisco Pi Margall, a quien tampoco tengo por centralizador ni asimilista? Del ilustre político republicano son las siguientes palabras: “Se faltaría evidentemente a otro de los fines de la federación consintiendo que un español fueses mirado como extranjero en parte alguna de la República” (Las Nacionalidades. Tercera edición, Madrid, 1882, página 322).

Pero sigamos el ejemplo de Menéndez Pidal y planteemos el problema de la lengua catalán en el terreno objetivo y serenamente pedagógico.

Afortunadamente, tengo a mano un documento importantísimo e irrecusable. Se trata de una Memoria publicada por el Ayuntamiento de Barcelona y escrita por la Comisión de Colonias Escolares y de Escuelas del Bosque. Lleva la fecha de 1914, es decir, cuando administraban el Municipio barcelonés regionalistas y lerrouxistas, y ejercía en él bienhechor y saludable influjo en materia de enseñanza D. Hermenegildo Giner de los Ríos. Pues en esa Memoria, nada sospechosa de asimilismo, se hablaba de los procedimientos pedagógicos sobre la base de la graduación escolar y se escribían estas palabras:

¡De consiguiente, en el primer grado, cuando el niño entra en la escuela, se emplea la lengua catalana como lengua vehicular o medio de comunicar toda enseñanza. […] Simultáneamente, y también desde el momento de la entrada de los niños en la escuela, se abordará el estudio de la lengua castellana por el método natural o directo, que consiste en establecer una asociación íntima entre las palabras y las idea […] Interesando mucho que los niños tenga un conocimiento completo y perfecto del castellano, y que puedan hacer uso de esta lengua como de la propia, con la misma facilidad que si fuera habitual; teniendo en cuenta que, de todos los medios en que vive el niño, en general, sólo en la escuela podrá practicar el castellano, y que sólo la práctica y el uso pueden dar el dominio de un idioma y la soltura necesaria para emplearlo correctamente, es preciso que tan pronto como el niño posea una vocabulario suficiente para poder entender y hacer uso del castellano, se haga la transición y se emplee esa lengua como lengua vehicular.”

Nótese que se trataba de escuelas municipales, voluntariamente sostenidas por el Ayuntamiento, y no de escuelas nacionales-dependientes del Estado español. Pues en esas escuelas netamente barcelonesas y exclusivamente catalanas, sólo en el primer grado se establece la enseñanza bilingüe, considerando que a los niños catalanes les interesaba aprender pronto y bien el castellano por el único procedimiento con que se suelen aprender las lenguas vivas: hablándolas desde el primer momento.

En resumen, el problema pedagógico de la lengua catalana se reduce a decidir si conviene a los niños catalanes aprender el castellano como una lengua extranjera o aprenderlo como una segunda lengua materna, vehículo insubstituible para las relaciones económicas y espirituales con los españoles de la Patria mayor.

Desde el punto de vista político, el problema no puede ser más claro. ¿Conviene a Cataluña expulsar de sus escuelas el idioma español y aislarse así espiritualmente del resto de España?

Puesto que todos los españoles tenemos algo en común que realizar, ¿qué lengua debe ser el vehículo espiritual de nuestras aspiraciones colectivas, el catalán o el castellano? ¿Qué será más difícil, que todos los españoles aprendan catalán o que los catalanes aprendan el castellano? El preferir esto último ¿tiene el menor asomo de vejación ni de imposición, ni de asimilismo? ¿Dónde está la cacareada incomprensión?

¿No dijeron los concejales de Barcelona en 1914 que interesa mucho que los niños catalanes tengan un conocimiento completo y perfecto del idioma castellano?

 

Antonio Royo Villanova