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La persecución del idioma español

(publicado en ABC, XXVI/8542, 13 de mayo de 1930, p. 39)

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Con frecuencia nos escriben algunos patriotas de Cataluña lamentándose del vuelo insolente que ha tomado la exaltación agresiva del catalanismo, que sin esta actitud y mientras no desmintiese el puro significado de la palabra con descarado afán separatista y de persecución a todo lo español, sería perfectamente lícito. Antes que por estos testimonios personales merecedores de nuestra confianza lo sabíamos por la lectura de ciertos periódicos barceloneses. El tono general de comentarios e informaciones de la Prensa nacionalista es lo bastante agresivo para que los más candorosos españoles juzguen del espíritu con que se les llama a la comprensión y a la concordia y se enteren de lo que se les pide. Cuando se ve lo que hay que aceptar y a qué hay que someterse para ser comprensivos y tratables, la recomendación resulta un insulto.

Tenemos a la vista un artículo de La Publicitat en que se habla de la persecución de la “Iglesia catalana” durante la Dictadura. “Ningún partido ni hombre político de Cataluña fué perseguido con tanta tenacidad y tan metódicamente como la Iglesia catalana. Víctimas de la persecución han sido los hombres de más limpia historia y de más positivo valor entre la intelectualidad de la clerecía.”

Sólo el mote de catalana a la Iglesia, que por ser católica no puede ser de Cataluña ni de España, y que condena todos los nacionalismos —el de campanario con más razón—, descubre la fanática y morbosa rebeldía de los que no admiten para Cataluña nada que no sea catalán y quieren también su Iglesia nacional y autónoma. El texto del artículo no disimula el sentido irreverente y separatista de los ataques a la Santa Sede; como el régimen de relaciones pactadas de la Iglesia y del Estado español de autorizar las imputaciones de persecución al Poder secular, el periódico ha tenido que referirse a los decretos de Roma. “En las tres únicas diócesis regidas por obispos catalanes de Cataluña (Tarragona, Seo de Urgell y Solsona) no fueron publicados los decretos de Roma. No se puede en un artículo periodístico hablar de los demás obispos, alguno de los cuales se siente más funcionario del Estado que apóstol; pero se puede afirmar que la Iglesia catalana ha resistido como debía y que la mayor parte del Clero puede ir con la cabeza muy alta.”[1] Todo muy claro. La Iglesia catalana debía resistir y ha resistido a la Santa Sede, y eso es motivo de orgullo, de ir con la cabeza muy alta; los obispos que obedecen a Roma no son apóstoles, sino funcionarios del Estado, que rigen diócesis catalanas, pero no son catalanes de Cataluña; los que desobedecen son la flor de la clerecía intelectual. Y, por supuesto, los católicos que se escandalicen de este lenguaje son incapaces de comprensión y de concordia.

Nuestros lectores recordarán el motivo de los decretos de Roma: fué la prohibición del idioma español en todos los templos de Cataluña, aun en los de Barcelona y otras grandes ciudades donde hay numerosa población, que desconoce el catalán. A la medida reparadora de tan enorme desafuero se la sigue llamando persecució de la llengua catalana à l'Esglesia catalana.

Para facilitar este concepto a los españoles incomprensivos copiamos de la misma Publicitat el siguiente párrafo de una sección titulada La batalla de la llengua: “Hay que actuar enérgicamente en todos los órdenes, y uno de los que no debemos descuidar es el boicot a los establecimientos que no tengan sus rótulos en catalán.”[2] Si en los casos de coacción y de violencia que supone el boicot hay que defender a los que necesiten anunciar en español, o en francés, o en el idioma que les convenga, si hay que reprimir algún atropello se hablará de la persecució de la llengua. No se le impide a nadie hablar o escribir en catalán; libremente se publican periódicos y libros en catalán; pero hay que consentir además la persecución y el exterminio del idioma de España para que los catalanistas no se declaren avasallados.

La guerra a nuestro idioma es uno de los primeros cánones del separatismo; no sólo con la propaganda, sino ilegalmente, desalojándolo de los usos oficiales y estorbando su empleo extraoficial con recursos ilícitos y punibles. El Sr. Casas Carbó, uno de los intelectuales concurrentes a la fiesta de la concordia, escribió hace muchos años el precepto que han cumplido con sañuda prolijidad los filólogos a sueldo, inventores del nuevo catalán. “Que cada cual escriba la variedad viva de catalán que mejor sienta y le plazca, enriqueciéndola, depurándola, completándola, perfeccionándola con los elementos asimilables de la lengua antigua, con los más asimilables de las lenguas hermanas contemporáneas: provenzal, francés, italiano, portugués; de todas ellas, menos del castellano, porque precisamente de este último idioma el catalán ha de hacer un trabajo de desasimilación.”[3]

Así, con la desespañolización tenaz, tolerada y a veces favorecida desde el Estado, es como se ha forjado artificiosamente el famoso “hecho diferencial” que todos hemos visto surgir y crecer desde las primeras campañas regionalistas, no hace aún medio siglo; a fuerza de concesiones y lenidades para responder a las mismas invocaciones de concordia y de comprensión, alternadas a menudo con desahogos como el que sigue, también de La Publicitat: “La Exposición Internacional, obra de Barcelona, realizada por manos catalanas, ha servido para que, a costa del esfuerzo de Cataluña, adquiera España, a los ojos de los extranjeros, un prestigio que no tenía.”

 

[1] [N.d.Ed.] Manuel Brunet, “L’Església catalana durant la Dictadura”, La Publicitat, LII/17492, 3 de mayo de 1930, p. 1.

[2] [N.d.Ed.] El autor se refiere a la sección que apareció publicada con cierta regularidad en La Publicitat desde el 8 de marzo de 1930 (LII/17445), en donde los lectores llamaban al público general y a las mujeres en particular a mostrar su odio hacia la lengua española boicoteando los comercios que no rotulasen en catalán, para lo cual propuso la creación de una lista con los nombres de tales establecimientos. La cita aquí presentada no ha podido ser localizada, pero debe datar de principios de marzo.

[3] [N.d.Ed.] El extracto es de “Estudis sobre la llengua catalana. V. La llengua parlada i la llengua escrita”, L’Avenç, II/III/3, 31 de mayo de 1891, p. 148. En estos “estudis” se defiende que el idioma español ha contaminado el catalán, lengua originalmente distante y muy diferente de la hablada en las áridas mesetas peninsulares (la frase citada por el autor continúa así: “[...] de desintegració dels pocs elements pertorbadors que d’ell se n’hi han introduit”). Esta tesis remite a las ideas de Joan Maluquer Viladot en Aborigens catalans. Ensaig historich sobre ‘ls primer pobladors de Catalunya (La renaixensa, Barcelona, 18802, pp. 42-49), donde se defendía el carácter residual del latín, afirmando que el catalán deriva directamente del sánscrito y sólo presenta rasgos semejantes al castellano por la contaminación que recibió durante la ocupación romana.