Friday, 23. June 2017

Visitantes

1115881

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

Un hueso autoritario se hace el inocente perseguido

En la ARD, Günter Grass se queja de una campaña de  la “prensa unificada”. La entrevista fue el suicidio intelectual de un hombre mayor que ha perdido la percepción de la realidad.

Por Henryk M. Broder.

 Gunter-Grass-Biografia-715x242-150x1501

Dejemos aparte si Günter Grass es un antisemita o un “amigo” del país de Israel al cual se siente “unido”. En primer lugar, para “antisemitismo” no hay ninguna definición física como pasa con “vatio”, “voltio” o “amperio”. En segundo lugar, una cosa no excluye a la otra. Todo antisemita tiene “amigos judíos”, en los que se apoya a menudo y con placer, sobre todo cuando hay judíos que se autoodian, detrás de los cuales uno se puede esconder.

Los antisemitas buscan la cercanía de los judíos, se sienten unidos a ellos, más o menos como los caníbales, quienes se sienten cautivados por la carne fresca. Al mismo tiempo, el antisemita se siente “profundamente herido” por la acusación de que lo sería, puesto que en verdad tiene buenas intenciones con los judíos, ya sea obligándoles a renunciar de su religión o preocupándose “por el futuro de este país” (Israel), como Grass explicó en una entrevista con Tom Buhrow en el “Tagesthemen”.  De manera alternativa a todo ello, decretó en la ZDF que no se le podía dejar a Israel la libertad de decidir “cuándo se debe defender”. No, aquí también tiene que tener voz Günter Grass.

Fue un destrucción de una forma tal que no se había experimentado desde hacía tiempo,  un suicidio intelectual, el enloquecimiento de un hombre ya anciano que se ha acostumbrado a ser celebrado como la “instancia moral” y la “conciencia moral” de la nación, que ha perdido completamente la percepción de la realidad.

Grass dijo que había escrito el poema para que “se expresara” finalmente “un tema tabú”, es decir, que “Israel es una potencia nuclear”. Habla “de cosas, sobre las cuales o se habla muy poco o no se pueden hablar” y se ha expresado con el poema “críticamente por vez primera sobre Israel”. Todo esto es demostrablemente falso y sólo se puede disculpar por una falta de memoria condicionada por la edad.

Grass es un autista llorón

En una entrevista con la ZDF, que se grabó y se emitió también el jueves santo, Grass se quejó de que se le había “puesto en la picota”, de que no se había prestado atención a sus “argumentos” y de que se sentía “tratado con odio y ofensivamente”. También esto es tan falso que ni siquiera es cierto lo contrario. Grass es un autista llorón que se estrella contra la pared y que después se queja de que la pared la habría tomado con él.

El hecho de que esta vez la posición de casi toda la prensa se haya posicionado contra él, lo valora como una “campaña”; pero si la prensa se hubiera posicionado detrás de él, no habría sido por supuesto ninguna campaña, sino sólo la reacción apropiada a su “ruptura del tabú”.

La desmedida presunción empieza ya cuando presenta una carta al director como un “poema”, sólo porque ha concebido las líneas de tal manera que de lejos parecen un poema. Con esta técnica ya se hizo famoso Erich Fried (“y Vietnam y”) quien supo fabricar un poema a partir del salto de línea en cada titular. Se reprocha a sí mismo, dice Grass, “haberse callado durante demasiado tiempo” y no sobre su actuación en las Waffen SS, sino sobre la situación en el Próximo Oriente donde el poder atómico de Israel amenaza la “frágil paz mundial”.

Todo lo que se tenía que decir, ya se dijo el jueves en una rara unanimidad desde el FAZ hasta el taz, desde el Spiegel hasta el SZ, que publicó el “poema chiflado” (Karasek) el miércoles, después de que el Die Zeit cambiara de opinión en el último momento. Tras la aparición de Grass levantando compasión en el “Tagesthemen” de la ARD y en el “Journal” de la ZDF queda poco que añadir.

El último resto de la República de Bonn.

Grass es no sólo un literato sobrevalorado, sino que es la morena terminal socialdemócrata, el último resto de la República de Bonn, en la cual se cuestionaba, sobre todo, a las autoridades mucho más de lo que se hace hoy día en el escenario berlinés. Y Grass ya era entonces un hueso autoritario, también cuando en 1969 dio la vuelta por todo el país con la consigna “Os aconsejo votar al SPD”. No era ningún consejo ni ninguna recomendación, sino que era una orden. Cuando veinte años más tarde se marchó a Calcuta por un par de meses, lo hizo fundamentándolo en el hecho de que en Alemania no se le mostraba suficiente “respeto”.

Y después de que se le ocurriese en su autobiografía Pelando la cebolla que había servido a los 17 años brevemente en las Waffen-SS y cuando se le preguntó porqué se había guardado esta información más de 60 años, sintió tales preguntas como un atrevimiento y reaccionó como una monja mayor que hubiera trabajado anteriormente  en un burdel.

En una entrevista con el Leipziger Volkszeitung, en el que se llegó hasta la confesión final de su actuación en las Waffen-SS y las reacciones de la opinión pública, Grass habló de “unificación”, de “degeneración del periodismo alemán”, de una “tendencia a la destrucción” y de una “atmósfera homicida” que casi lo convertía en víctima: “Fue el intento de taparme la boca”.

El inocente perseguido pide respeto

De esto hace cinco años, pero todos están sorprendidos de que Grass hable de nuevo de una “campaña” que se dirige contra él por parte de una “prensa unificada” porque él es tan incómodo y trata temas altamente delicados que, excepto él, nadie se atreve  a tratar. Una vez más se hace el inocente perseguido a quien se le niega el debido respeto.

Pero de manera distinta a la última vez, se pueden contar con los dedos de una mano los oficiales adjuntos que corren a socorrerle. Ahí estarían: un reportero del ARD que propone a Grass para el premio nobel de la paz; el presidente en funciones del centro PEN [Asociación de escritores] alemán del que se ha sabido de esta manera que todavía existe; un político del partido de izquierdas que le elogia por su coraje de “expresar lo que en gran parte se silencia”; un diputado del NPD de Sajonia que ha dado las gracias a Grass por la “ruptura liberadora del tabú” y, finalmente, el crítico literario Denis Scheck, quien se alegra por este “magnífico día para la literatura alemana” y encuentra maravilloso “que un poema pueda provocar un efecto tal”, de manera completamente independiente de su contenido.

Es la última proclama que corre a socorrer a un poeta en apuros. Si Grass fuera tan listo como presume, tendría que tener más miedo de sus amigos que de sus enemigos.

Traducción de Jordi Morillas

Artículo publicado en el Die Welt Online el viernes 6 de abril de 2012 (http://www.welt.de/debatte/henryk-m-broder/article106160221/Ein-autoritaerer-Knochen-spielt-verfolgte-Unschuld.html).

Traducción publicada con permiso del autor y del diario Die Welt.