Sunday, 28. May 2017

Visitantes

1090029

Búsqueda

AGON en Facebook

Compártenos

Share to Facebook Share to Twitter Share to Linkedin Share to Myspace Share to Delicious Share to Google 

Compartir

Políticas raras

por Mark Steyn

1_5

Buscando un respiro ante las decepciones de las primarias republicanas, he estado en Australia, donde, en cada aparición en TV o radio, se me pregunta sobre las primarias republicanas. Las noticias no viajan bien; se reducen a su esencia. Rick Santorum es un teócrata demente y adusto que desea imponer una versión cristiana de la ley sharia en América y acorralar a gays y  a madres solteras. “Pues por eso lo apoyo”, les digo.

Si siguen preguntando, suele ser sobre por qué está demonizando a Satán, por decirlo de alguna manera. “Bueno, hay muchas cosas que se dicen en el fragor de la campaña de las primarias”, les digo, “estoy seguro de que cuando llegue el congreso él y Satán habrán solventado sus diferencias. No descartaría a Rick ofreciendo al príncipe de las tinieblas el asiento de vicepresidente en interés de la unidad.  Un equipo de ensueño y todo eso”.

Incluso para aquellos australianos con inclinaciones conservadoras, la rareza de Santorum es algo evidente. He estado, tal vez, como 15 minutos con él, en una cena provincial del GOP al sur de New Hampshire, en la que hablamos principalmente del Imperio de los Habsburgo: su abuelo había sido carne de cañón imperial en el frente ruso, quien se las apañó para sobrevivir la Gran Guerra y subirse a un barco dirección Pensilvania. Santorum no me pareció raro o, al menos, no más raro que el cociente de rareza habitual requerido por aquellos que deciden presentarse como candidatos a la presidencia de los Estados Unidos.

Esa noche en el Estado Granítico, dije algo así como “¡Caramba! Dos generaciones de inmigrantes a candidato presidencial”, y Rick dijo algo así como “Sólo en América”. Pero los viejos clichés no ejercen la misma atracción. Después de todo, vivimos en muy cambiantes: en el curso de dos generaciones, ¿qué es lo que no ha cambiado? El Imperio de los Habsburgo por el que luchó el abuelito Santorum es polvo y, según el Instituto de Demografía de Viena, a mediados de siglo la mayor parte de los austríacos menores de 15 años serán musulmanes. Tal y como escribí aquí el año pasado: Salzburgo, 1938: monjas cantando, Julie Andrews, “¿Cómo resuelves un problema como María?”. Salzburgo, 2038: ¿Cómo resuelves un problema como la sharia?

Las antiguas sociedades acomodadas aparecen como un río congelado en mi parte de New Hampshire: en la superficie, todo está tranquilo. Por debajo, el agua helada se mueve rápidamente. Ahí es donde se encuentra todo lo que atrae a Santorum: y no se equivoca en su mayor parte. Como el congresista Mike Pence dijo hace uno o dos años, “A todos aquellos que dicen que debemos simplemente centrarnos en asuntos fiscales, yo les digo que no seréis capaces de imprimir suficiente dinero en mil años para pagar por el gobierno que necesitaréis si la familia tradicional se colapsa”.

Pero el escenario apocalíptico de Pence ya está aquí: ¿qué familia “tradicional”? El 70% de los niños negros nacen fuera del matrimonio, al igual que el 70% de la descendencia de las mujeres blancas en la pobreza, al igual que la mayoría de los bebés hispanos. El 40% de los niños americanos nacen fuera del matrimonio; entre las mujeres de menos de 30, la mayoría de los niños lo son. Bueno, ¿y qué? Pasa lo mismo en Escandinavia, ¿no? Bueno, no exactamente. Nuestra progenie es más gorda, más enfermiza, con una infancia llena de diabetes. Dennis Prager escribió hace un par de años que Obama veía los Estados Unidos como una gran Suecia. Una gran Suecia es una contradicción en términos y, ahí fuera, en los Dependistanes de América, estamos mejor siendo grandes que siendo suecos.

Bueno, vale, dicen los detractores de Santorum, pero se supone que vosotros sois la multitud del pequeño gobierno. ¿Por qué ha de ser esto asunto del estado? Un buen remate, pero que se corta por ambos extremos. Las mujeres solteras son el constituyente más entusiasta del gran gobierno: un beso en la mano puede ser muy continental, pero el estatismo es el mejor amigo de una chica. Uno podría discutir sobre si la muerte del matrimonio conduce a un gran gobierno o viceversa, pero el simple hecho de plantear la cuestión no debería significar pasarse de castaño oscuro, ¿no?

Aceptemos que esto significa que Rick Santorum es raro. Después de todo, cree en la santidad de la vida, la primacía de la familia, la interpretación socio-religiosa tradicional del propósito de la existencia humana. Hace tiempo, en las brumas de, oh, mediados del s. XX, todas estas cosas eran, si no totalmente universales, lo suficientemente habituales como para ser dignas de discusión. Ahora no lo son. ¿No es precisamente el hecho de que la moralidad convencional sea ahora “rara” en sí mismo profundamente raro? La rarificación instantánea de ideas dadas por hecho durante milenios es sin duda megararo, a no ser que pienses que nuestra generación está poseída por una sabiduría única en la historia humana. En cuyo caso, ¿por qué estamos en crisis?

Mirad, pillo cuál es el problema con la candidatura de Santorum. Y pillo por qué les parece raro a los suecos y a los australianos, e incluso a los americanos. Si echas un vistazo a un boletín de noticias desde el Glee al Modern Family, Santorum parecerá fuera de los límites de lo raro, como un episodio monocromo que ha sido inverosímilmente coloreado de un programa demasiado viejo, incluso para las reposiciones de la TV Land. Sería más saludable discutir largo y tendido estas cuestiones en la cultura, en las películas y novelas y canciones pop. Pero Hollywood ha tomado partido y la derecha prácticamente se ha retirado del terreno. Y alguien tiene que hablar de estas y otras cosas en un lugar u otro. Nuestra crisis fiscal no es simplemente un desafortunado accidente de contabilidad que puede ser arreglado con el recalibrado de algún espabilado tecnócrata. Tanto en los Estados Unidos como en Grecia, es un reflejo del carácter de la gente. El problema no es la rareza de Rick Santorum, sino que un gobierno en una bancarrota que rompe récords, que ya está superando las subidas del nuevo techo de su deuda incluso mientras anuncia multillones en nuevos gastos, es totalmente normal.

 

Traducción de César Guarde

(Publicado originalmente en National Review, Marzo, vol. 2, p. 54).