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Los derechos humanos de Abu Qatada

Editorial del Wall Street Journal del 23 de enero de 2012

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Mientras van pasando los currículums vitae de los terroristas, el de Omar Mahmoud Othman –mejor conocido como Abu Qatada- merece una atención especial.

Desde su llegada a Gran Bretaña con pasaporte falso en 1993 procedente de su nativa Jordania, el clérigo musulmán nacido en Belén ha sido guía e inspiración de miles de yihadistas, incluyendo al cabecilla del 11 de septiembre Mohammad Atta, al terrorista de los zapatos-bomba Richard Reid y a Abu Musab al-Zarqawi, el último líder de Al Qaeda en Irak. Por sus actividades, el Sr. Qatada tiene cargos por terrorismo pendientes en Algeria, Jordania, los EE.UU., Bélgica, España, Francia, Alemania e Italia.

¿Por qué ha rechazado, entonces, la Corte Europea de los Derechos Humanos la decisión de Gran Bretaña de deportar al Sr. Qatada a su nativa Jordania, donde afronta cargos por varios complots terroristas? Porque, según declaró la Corte de Estrasburgo el martes, violaría los derechos humanos.

No los derechos del Sr. Qatada, claro está. Los jueces habían aceptado las garantías diplomáticas de Jordania de que no sería torturado bajo su custodia. Su preocupación era que las pruebas de su implicación en los crímenes de los cuales estaba acusado podrían haberse obtenido a través de torturas a un confidente.

Para el Sr. Qatada, el fallo significa que será ahora puesto probablemente en libertad en el Reino Unido, donde ha sido repetidamente detenido por terrorismo, pero nunca formalmente acusado de ningún crimen. No es un mal negocio: entre los beneficios de vivir en el tipo de sociedad moderna y libre que él tan activamente desprecia, el Sr. Qatada recibe subsidios del gobierno, según informaciones, del valor de 1.000 libras al mes.

Por lo que se refiere a la Gran Bretaña, la saga tragicómica es una ocasión perfecta para pensar cómo se ha permitido que pase todo esto. Empezando con la decisión de garantizar al Sr. Qatada asilo por motivos de persecución religiosa, un curioso favor concedido a un hombre que mintió a su entrada en el país y que aboga por la persecución religiosa. The Guardian informa que la inteligencia británica también dio luz verde a la petición de asilo del Sr. Qatada, a pesar de las advertencias de sus inclinaciones ideológicas. Quizás esto responde al misterio de porqué el Sr. Qatada nunca ha sido acusado de nada.

Luego está la deferencia que Gran Bretaña debe ahora a la Corte de Estrasburgo. Los legisladores de Gran Bretaña habían previamente dictaminado que el Sr. Qatada podría ser deportado. Pero el Reino Unido se obliga de manera efectiva a sí mismo a seguir el ejemplo de Estrasburgo, desde la aprobación en 1998 por parte del gobierno de Tony Blair de la Ley de Derechos Humanos. La ley tiene efecto en la ley británica para los “derechos” expansivos contenidos en la Convención Europea de los Derechos Humanos. No es sorprendente, por tanto, que la corte de Estrasburgo haya estado desde entonces afirmando sus prerrogativas, mientras que la Gran Bretaña ha estado constantemente cediendo.

Tanto el primer ministro David Cameron como la ministra del interior Theresa May han exigido la sustitución de la Ley de Derechos Humanos por un proyecto de ley de derechos británica. Ésta es una ocasión que deberían utilizar valiéndose del Sr. Qatada como prueba instrumental. Por lo que se refiere a la Corte de Estrasburgo, quizás algún día aprenda la lección de que la causa de los derechos humanos no avanza desautorizando a las cortes de un estado democrático soberano para proteger a gente semejante al Sr. Qatada.