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Obama: de Enrique VIII a Duce

Criptofascismo en la América del s. XXI.

 

En el Carolina Journal del 14 de febrero de 2012 se podía leer lo siguiente:

Una preescolar de la escuela de primaria de West Hoke almorzó tres trozos de pollo rebozado el 30 de enero porque un empleado estatal le dijo que el almuerzo que le había hecho su madre no era nutritivo.

Primero fue la TSA, la Administración de Seguridad en el Transporte, revolviendo en los calzoncillos americanos en busca de armas de destrucción masiva jihadistas pero, eso sí, absteniéndose de inspeccionar a los ciudadanos que confesasen su fe musulmana. Tal vez sea culpa de la creciente analfabetización, o del progresivo abandono de la lengua de Shakespeare para ser reemplazada por cierta modalidad de pachuquismo confuso, pero lo cierto es que Homeland Security (Departamento de Seguridad de Nacional) parece haber confundido sus competencias una vez más, tal vez traspapeladas entre tanto proyecto de ley y haber pensado que la extensión de sus funciones antiterroristas alcanzaba los peligrosos bocadillos de pavo y queso acompañados de plátanos y patatas fritas: Homelunch Security (Departamento de Seguridad de Almuerzos). ¿Agentes inspeccionando los bolsillos de jóvenes estudiantes en busca de alimentos de destrucción masiva para la salud? ¿O inspecciones sorpresa de las cocinas norteamericanas en horas de preparación de almuerzos para estudiantes de primaria?

PLANIFICACIONLUNCH En la nueva Obamacracia, los prometidos puestos de trabajo han de salir de alguna parte, aunque sea cumpliendo expectativas que ni la OVRA ni la Gestapo se habrían atrevido a soñar. Tras su discurso sobre el cada-vez-menos-unido no-estado del Estado de la Unión el presidente estadounidense ha dado su siguiente paso lógico: la sumisión de la Iglesia al Estado. La clave del nuevo conflicto que enfrenta a católicos (y cristianos en general) con la nueva propuesta de control de natalidad del gobierno demócrata es la exigencia a cualquier empresa nacional a incluir en sus planes de salud el uso de “servicios preventivos” como anticonceptivos, esterilización y medicamentos que pueden utilizarse para provocar el aborto. Esta regulación tiene una peculiaridad que ha sobrecogido a los cristianos norteamericanos: surge del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), cuyos “servicios preventivos” anteriores tenían como objetivo, únicamente, enfermedades. Y es que estamos hablando de Estados Unidos, en donde la tasa de fertilidad de reemplazo es todavía de un 2,1, no de Europa, en donde el embarazo se ha convertido en una enfermedad casi erradicada entre la población autóctona más educada.

Esta nueva ley no sería motivo de crítica salvo por aquellos pesados defensores de la moralidad cristiana, de no ser por la violación a la libertad individual y de creencia que entraña. En efecto, esta resolución, de haber entrado en vigor, obligaría a los empleados, aseguradores o estudiantes a cubrir, subvencionar o pagar unos servicios que consideran inmorales y contrarios a sus creencias fundamentales. Creencias, por lo demás, bastante más civilizadas que aquellas que los mismos progresistas, feministas, ecopocalípticos y demás fauna se apresuran a proteger cuando se trata de crímenes de honor, mutilaciones genitales femeninas o sacrificios de animales para fiestas de dudoso valor cultural o alimentación halal (“legal”, pero según la ley islámica). En otras palabras: que si eres un ciudadano de los Estados Unidos y estás en contra del aborto, tendrías que pagárselo igualmente a tu promiscua vecina. Esto tendría sentido si al menos su embarazo fuese culpa tuya.

ANTICONCEPTIVOS

¿Y si se prometen excepciones a aquellos que se declaren creyentes? ¿Deberás facilitar, junto a tus datos personales, un certificado de devoto-creyente-católico-romano-papista? En 1534, se proclamó la primera Acta de Supremacía por Enrique VIII, rey de Inglaterra. En ella se declaraba a éste legítimo usurpador de la Iglesia en tierras inglesas y se negaba la autoridad vaticana, siendo traición, como pasa hoy en China, adherirse al obispo de Roma (el acta, aunque revocada a su muerte, fue renovada en 1559).  Obama ha decidido que él es el nuevo Enrique VIII y que toda iglesia, eso sí, cristiana, debe someterse a él. O desaparecer. Las nuevas Leyes Religiosas de Obamemberg clasificarán en un futuro a clientes, estudiantes, enfermos, trabajadores... ¿Qué pasará cuando un cristiano busque trabajo en una empresa dirigida por un musulmán? ¿Y un judío? ¿Y si es cristiano de abuelos judíos y su interlocutor un suní del Líbano de padres chiies iraníes?

¿Ciencia-ficción? No, si nos atenemos a las olvidadas declaraciones del nuevo monarca norteamericano en Texas, perdón, Kansas, el pasado 6 de diciembre. Además de confundirse de estado –los tejanos, seguramente, se hubiesen reído aún más con su discurso, aunque por distintas razones–, Obama declaró el fin del capitalismo y de la libertad. Sí. Barack Fukubama, El fin del capitalismo y el último hombre (libre). En su versión el sueño americano ha sido una pesadilla:

Mis abuelos sirvieron en la Segunda Guerra Mundial. Él era un soldado del ejército de Patton; ella una trabajadora en una línea de ensamblaje de bombarderos. Y juntos compartieron el optimismo de una nación que triunfó sobre la Gran Depresión y el fascismo[1]. Creyeron en una América en la que el trabajo duro era remunerado y la responsabilidad recompensada y todos podían conseguirlo si lo intentaban, sin importar quién fueras, sin importar de dónde vinieras, sin importar cómo comenzaras. [...] Hoy, somos todavía el hogar de los trabajadores más productivos. Somos todavía el hogar de las más innovadoras compañías. Pero para la mayor parte de los americanos, esa ganga básica que constituyó este país se ha deteriorado.

¿Y la causa de ese deterioro? Fukubama responde:

Durante muchos años, tarjetas de crédito y créditos hipotecarios tapizaron esta dura realidad. Pero en el 2008, el castillo de naipes se vino abajo. Todos conocemos la historia: Hipotecas vendidas a personas que no podían permitírselas o, incluso, entenderlas. Bancos e inversores permitiéndose empaquetar los riesgos y vendéroslos. Grandes apuestas –y grandes bonificaciones– conseguidas arriesgando el dinero de otros.

¡2008! Espera, ¿no era ése el año en que Obama anunciaba su “cambio”? ¿No fue entonces cuando el gobierno obligó a los bancos a realizar préstamos insolubles? Pero atentos a su definición de responsabilidad:

Hay algunos que parece que sufren de amnesia colectiva. Después de todo lo que ha pasado, después de la peor crisis económica, después de la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, quieren volver a las mismas prácticas que nos metieron en todo este enredo. En realidad, quieren volver a las mismas regulaciones que se apilaron en la cubierta de los americanos de clase media durante demasiados años. Y su filosofía es simple: estamos mejor cuando se deja que todos nos las arreglemos por nuestra cuenta y sigamos nuestras propias reglas. Y estoy aquí para decir que están equivocados.

Un momento. ¿No era ése, precisamente, el optimismo con el que sus abuelos superaron la Gran Depresión y el fascismo?

“Claro”, dicen, “habrá ganadores y perdedores. Pero si los ganadores lo hacen muy bien, entonces los trabajos y la prosperidad acabarán llegando a todos. Y”, afirman, “incluso si la prosperidad no les llega, ése es el precio de la libertad”. Pero esto es simple teoría. [...] Y esa teoría queda muy bien en una pegatina. Pero hay un problema: no funciona. Nunca ha funcionado. No funcionó cuando se intentó una década antes de la Gran Depresión. No es lo que nos llevó a las increíbles explosiones de la postguerra de los 50 y los 60. Y tampoco funcionó cuando lo intentamos en la pasada década. Quiero decir, para entendernos, que no es que no hayamos probado esta teoría.

Recordad cómo entonces, en el 2001 y 2003, el Congreso realizó dos de los más caros recortes de impuestos para los adinerados en la historia. ¿Y qué nos pasó? La tasa de crecimiento de empleo más baja del último medio siglo. Grandes déficits que han hecho mucho más difícil pagar por inversiones con las que construir este país y ofrecer una seguridad básica con la que ayudar que millones de americanos alcancen y se queden en la clase media –cosas como la educación y las infraestructuras, la ciencia y la tecnología, Medicare y seguridad social.

¿Se ha fijado Obama en las diferencias entre las dos Alemanias? ¿Entre las dos Coreas? ¿Entre los pequeños dragones destruidos y arruinados tras acabar la Segunda Guerra Mundial y la China de Deng Xiaoping? La libertad no funciona. El capitalismo tampoco. La solución es muy simple, o así lo ve Obama: que los hombres, como individuos, carecen de derecho alguno para perseguir sus aspiraciones individuales y contribuir con ellas a la sociedad en la que viven y que les permite hacer uso de esa misma individualidad. Sus vidas pertenecen a la sociedad. O al Estado. Todo sea por el bien colectivo. O estatal. ¿Y cómo controlar tantas y tantas vidas? A través de un Gran Gobierno.

Los contribuyentes merecen tener a alguien cuyo trabajo sea cuidar de ellos. Y yo intentaré asegurarme de ello. Y quiero que me oigáis, Kansas: vetaré cualquier intento de retrasar o desfinanciar o desmantelar las nuevas leyes que introduzcamos.

Perfecto. Todo niño quiere tener a alguien cuyo trabajo sea comprobar que el almuerzo de su querida madre es rico en nutrientes regulados por Homelunch Security. El sueño de todo americano. Y para hacerlo efectivo, tal ley adquiere un valor supremo por encima de cualquier posible intento democrático de anularla. Me ne frego! Tutto nello Stato, niente al di fuori dello Stato, nulla contro lo Stato.

 

FascismoObamaobama-fascist-dictator

El comentador de la MSNBC y periodista judío Richard L. Wolffe relata en una de sus biografías del infame Obamácrata cómo un día, a la hora del almuerzo, un asesor con sobrepeso recibió una ensalada baja en colesterol de parte del presidente. El hombre respondió que podía ocuparse perfectamente tanto de su salud como de sus preferencias alimentarias, a lo que el presidente respondió: “Te quiero, tío. Cómete la ensalada”. Homelunch Security nunca descansa.

Frente a la doctrina católica del derecho natural e inalienable del individuo y la familia sobre su educación –y su dieta–, Mussolini defendió en el 29 que “si se le reconoce al Estado la misión de defender a la colectividad en sus intereses presentes y futuros, no se le puede negar el deber y el derecho de presidir y regir la educación de los ciudadanos”[2]. Y como bien recordaba el Reichserziehungsminister Bernhard Rust en la misma época, “se había dado excesiva importancia al individuo como tal, mientras que casi se había olvidado que cada individuo es al mismo tiempo un miembro de una comunidad racial, que sólo en esta dimensión puede perfeccionar sus poderes hasta su máxima extensión y que es su labor el trabajar para el bien de esta comunidad”.

La fórmula taumatúrgica hace tiempo que dejó de ser la raza. Hölderlin ya nos advirtió que siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo lo ha convertido en su infierno. Comunismo, fascismo y nazismo comparten por igual su expresa manifestación anticapitalista, la defensa de la existencia de un bien común determinado por el (Gran) Gobierno y la idolatrización del socialismo. Su frente común lo ha expresado Obama con una claridad nada críptica: erradicar la libertad individual y el capitalismo.

Y para llegar a Duce Obama debe pasar naturalmente por Enrique VIII. Mejor hubiesen estado los americanos con Jorge III.

 

César Guarde 

 

Para más información:

Discurso de Obama en Osawatomie, Tex... Kansas (http://www.washingtonpost.com/politics/president-obamas-economic-speech-in-osawatomie-kans/2011/12/06/gIQAVhe6ZO_story.html).

Los antepasados de Obama y la venta de esclavos (http://aconservativelesbian.com/2009/07/13/obamas-kenyan-ancestors-sold-slaves/).

El tráfico musulmán de esclavos en el África negra (http://www.answering-islam.org/ReachOut/slavetrade.html).

 Mark Steyn: Tras América. (http://www.hughhewitt.com/transcripts.aspx?id=00f56e53-3602-4c72-849a-01697e879afa).

Mark Steyn: Obama goes Henry VIII on the church (http://www.ocregister.com/opinion/church-339789-one-catholic.html).

Mark Steyn: Department of Home-Lunch Security (http://www.nationalreview.com/corner/291113/department-home-lunch-security-mark-steyn).

Carolina Journal: Preschooler’s Homemade Lunch Replaced with Cafeteria “Nuggets” (http://www.carolinajournal.com/exclusives/homemade-lunch-replaced-with-cafeteria-nuggets.html).

Nazismo y comunismo. Los totalitarismos gemelos (http://historia.libertaddigital.com/los-totalitarismos-gemelos-1276239508.html).

 



[1] Nula mención de sus otros abuelos y su tribu, los Luo, que al otro lado del Gran Charco comerciaban con esclavos del oeste negro, vendiéndolos como objetos de disfrute temporal a blancos y negros musulmanes por igual. O no tan igual, pues mientras las condiciones de esclavitud a las que eran sometidos de regreso a América les permitían una vida lo suficientemente digna como para haber alcanzado a reclamar sus derechos como ciudadanos y nombrar un presidente afroamericano, los esclavos negros vendidos en países musulmanes continúan sufriendo la sanguinaria opresión, violaciones y asesinato de sus compradores.

[2] Véase la columna “La encíclica sobre la educación cristiana”, ABC, Madrid-Sevilla, 18 de enero de 1930, p. 15.