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Los cinco talibanes

(Editorial del Wall Street Journal del 13 de febrero de 2012)

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La administración Obama está buscando conversaciones de paz con los talibanes y como gesto de buena voluntad se ha filtrado la noticia que se podría dejar libres preventivamente a cinco de sus líderes confinados en Guantánamo. Pensamos que podría gustarle saber quiénes son.

Sus identidades son un secreto abierto y este mes la Casa Blanca dio una sesión informativa restringida a algunos miembros del Congreso para obtener su apoyo. Los hombres están entre los 46 de los 171 detenidos confinados en Guantánamo y que un estudio de la Administración en el 2010 estimó como “demasiado peligrosos para ser transferidos, pero no imposible para llevarlos ante un tribunal de justicia”. Dos años  más tarde, estos detenidos ya no son evidentemente demasiado peligrosos.

Estos ciudadanos íntegros son:

  • Mohammad Fazl, de unos 45 años, era el comandante superior talibán en el norte de Afganistán y su segundo ministro de defensa cuando fue capturado en noviembre de 2001. Estuvo en la fortaleza de Qala-i-Jangi, a las afueras de la ciudad de Mazar-i-Sharif, cuando cientos de prisioneros talibanes se rebelaron contra sus captores en la Alianza del Norte. El espía de la CIA Johnny Michael Spann murió en el tumulto, convirtiéndose en la primera baja americana en la guerra de Afganistán. Un anexo confidencial del estudio de la Administración de 2010 sugiere que Fazl podría ser el responsable de la muerte de Spann.

De acuerdo con su expediente secreto en Guantánamo de 2008 que fue publicado por WikiLeaks, Fazl también dirigió luchadores extranjeros en Afganistán y “poseía un gran poder y recursos financieros”.

Era íntimo del Mullah Omar, el líder talibán. Antes del 11-S, Fazl dirigía tropas en Afganistán, las cuales masacraron a cientos de Hazars, una minoría étnica musulmana chiita. Su expediente de Guantánamo dice también que el gobierno iraní sospecha que “está relacionado” con el asesinato de sus diplomáticos en Mazar-i-Sharif en 1998.

  • Mullah Norullah Nori sirvió con Fazl en el norte de Afganistán y estaba con él en la fortaleza de Qala-i-Jangi. Los EE.UU. sospechan que está involucrado en el asesinato de Spann. Es un supuesto criminal de guerra por su papel en la masacre de los afganos chiitas, la cual, según contó a sus interrogadores de Guantánamo, estaba justificada por el deseo talibán de “establecer su estado ideal”.
  • Mohammed Nabi era “un oficial talibán mayor” que ayudaba al tráfico de armas para atacar a las tropas norteamericanas y a financiar a los talibanes. Es uno de los pocos líderes que, de acuerdo con su archivo de Guantánamo, era “leal” a la red Haqqani, un grupo terrorista con base en el oeste de Pakistán y aliado con los talibanes. Tiene un historial de mal comportamiento durante su custodia en Guantánamo.
  • Khairullah Khairkhwa, antiguo gobernador talibán de la provincia de Herat en el oeste de Afganistán, está “directamente relacionado” con Osama bin Laden y el Mullah Omar, dicen sus interrogadores. Se reunió en diversas ocasiones con funcionarios del gobierno de Irán, el cual ha intentado minar el Afganistán post-talibán. Khaikhwa dice que también es un amigo del presidente afgano Hamid Karzai y sus abogados dicen que no estaba ideológicamente comprometido con los talibanes.
  • Abdul Haq Wasiq, de 40 años, era el subjefe de la inteligencia talibán que torturó y asesinó a civiles. Sus interrogadores de Guantánamo dicen que no ha revelado qué sabe acerca de los grupos islamistas exteriores con los que los talibanes trabajaban para luchar contra los EE.UU. y que podría pertenecer a Al Qaeda. Su liberación, dice una fuente de inteligencia, sería “altamente problemática”.

 

El plan de la Administración parece ser pasar a estos cinco a la custodia del gobierno de Qatar. Pero una vez allí, los EE.UU. habrán perdido toda influencia sobre su destino y lo probable es que sean eventualmente puestos en libertad en el acto, sean canjeados en un intercambio de prisioneros o escapen. Algunos o todos son propensos a volver a unirse a su oficio del terror.

 

El Congreso no puede parar estos traslados, pero puede montar un alboroto. Como mínimo, Fazl y Nori deben ser investigados como es debido – y quizás llevarlos ante los tribunales – por el asesinato de Spann y los crímenes de guerra cometidos en el Afganistán dominado por los talibanes. La publicación de secciones confidenciales del estudio de Guantánamo relacionadas con el caso Spann deberían también fomentar un debate público y plantear serios interrogantes al Capitolio acerca de cualquier traslado.

 

La cuestión más importante es por qué los EE.UU. deberían canjear a alguien por nada más que por una promesa de los talibanes de hablar. Como ven que los EE.UU. están capitulando para salir de Afganistán en el 2014 y con las operaciones de combate militares finalizando en el 2013, los talibanes tienen pocos incentivos para hacer cualquier concesión. Saben que sólo tienen que esperar.

 

Uno de los fallos de la campaña afgana es que los EE.UU. todavía no han asesinado o capturado al Mullah Omar. Liberando a figuras importantes de los talibanes de Guantánamo, el presidente Obama enviará otra señal de debilidad que los hará incluso menos propensos a negociar con buena fe.