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A continuación se ofrece en exclusiva al lector español la traducción de un interesante artículo de Emelian Yaroslavski, destacado agitador político comunista de origen judío y miembro de los consejos de redacción de las revistas “Pravda” y “Bolshevik”. Redactado en plena guerra contra la Alemania Nacionalsocialista, este texto muestra de manera fehaciente el uso propagandístico que los comunistas hicieron de autores como Dostoievski quienes, por su ideología “reaccionaria”, estaban oficialmente prohibidos o mal considerados en la Unión Soviética.

Fedor Mijailovich Dostoievski contra los alemanes.

Em. Yaroslavski

DostoCro

(Bolshevik, nº 16 (1942), págs. 38-43).

 

 

Apenas es necesario demostrar en septiembre de 1942 que la Alemania fascista es el peor enemigo del pueblo ruso y de la cultura rusa. Testimonio de ello son no sólo todos los documentos oficiales conocidos y publicados en los cuales la comandancia alemana ordena a sus soldados y oficiales exterminar sin piedad al pueblo ruso y a la cultura rusa. Testimonio de ello son también las viles acciones de los hitlerianos, quienes deshonran al pueblo alemán con sus inauditos y monstruosos crímenes, destruyendo en la URSS innumerables monumentos de la cultura rusa: ciudades y pueblos, museos y bibliotecas, teatros y palacios de cultura. Los hitlerianos han deteriorado y han intentado la destrucción total de Yasna Polina, el monumento al gran escritor ruso L. N. Tolstoi, de la casa-museo de P. I. Chaikovski en Klina y de P. I. Rimski-Korsakov en Tikhvina, del monumento a A. P. Chejov en Istra y, en Yalta, profanaron la tumba del gran escritor ucraniano T. G. Shevchenko.

No se puede esperar otra cosa de animales que han resucitado de las más viles costumbres «antiguo germánicas»: monstruoso festejo funerario en Stalingrado, donde los alemanes asesinaron a los prisioneros del Ejército Rojo para tomarse una copa de sangre caliente. ¡He ahí la verdadera expresión de toda la esencia de los «arios» hitlerianos!

¿De dónde sale de repente ese «amor» de los hitlerianos hacía Fedor Mijailovich Dostoievski, al cual llaman en sus octavillas y otras «obras literarias» el genial profeta, el gran escritor ruso? ¿Qué les ha dado motivo para congraciarse con este escritor ruso e imaginarse que estarían emparentados con él? ¿Qué los atrae a Dostoievski?

F. M. Dostoievski ocupa un lugar especial entre los geniales escritores rusos. Empezó su carrera literaria en los años cuarenta en un círculo de escritores tales como Belinski y Nekrasov, es decir, los mejores representantes de la democracia rusa de aquella época. Su obra Pobres gentes fue recibida por la parte progresista de la sociedad rusa como expresión de las más vivas aspiraciones de la democracia. El mismo Dostoievski participaba en aquella época en las reuniones del círculo revolucionario clandestino de Butashevich-Petrashevski. Los miembros de este círculo estaban guiados por las ideas del socialismo utópico de Saint-Simon y Fourier y algunos de ellos (en el círculo de Speshnev) conocían El manifiesto comunista de Marx y Engels. En mayo de 1849, Dostoievski fue arrestado junto con otros miembros del círculo clandestino de Petrashevski y condenado a la pena capital. Les escenificaron la ceremonia: les llevaron junto con otros condenados al patíbulo, les pusieron la mortaja y los soldados cogieron las armas para disparar. Pero no ejecutaron a Dostoievski. Le conmutaron la pena por cuatro años de kátorga.

No se puede decir que en esta época estuvieran ya plenamente constituidos los ideales políticos de Dostoievski, pero, sin embargo, sentía profundamente la democratización de Rusia. Precisamente por esta razón, él mismo leyó entre sus conocidos la famosa carta de Belinski a Gógol. Tomando la terminología actual para referirnos a los ideales políticos de Dostoievski, se podría decir que éste sentía el socialismo utópico y el movimiento democrático de su época.

La kátorga y la posterior deportación a Semipalatinsk quebrantaron a Dostoievski física y espiritualmente. Su enfermedad – era epiléptico – se agravó a causa de todo lo padecido durante la ceremonia de ejecución y después en la cárcel; el estado de nerviosismo empezó a crecer todavía más. Pero el resultado más duro de su estancia en la kátorga y en el exilio fue el quebrantamiento espiritual. Las duras privaciones materiales que tuvo que soportar después en el transcurso de varios años torturaron todavía más a Dostoievski, le destrozaron y le desfiguraron espiritualmente. Los temas de sus obras literarias fueron los sufrimientos y las agonizantes búsquedas de una salida de la dura vida de los humillados y ofendidos. Pero no pudo encontrar una salida para ellos, puesto que había perdido la dirección que conducía a esta salida. Dejó de creer en la revolución y en ello consistió la gran tragedia, la gran desgracia de toda su vida. Esto le llevó a la ruptura con sus amigos. Los reaccionarios Katkov, el príncipe Mesherki y otros amaban ávidamente cada uno de sus deslices, cada una de sus frases dirigidas contra el movimiento revolucionario radical y le absorbieron en sus redes.

Dostoievski escribió una serie de voluminosas obras literarias que le han dado la fama mundial: Crimen y castigo, más tarde Los demonios y Los hermanos Karamázov. Toda su cosmovisión anti-revolucionaria la desarrolló especialmente en Diario de un escritor.

Naturalmente, Dostoievski no sólo conocía los tipos negativos cautivados por Nechaev. Ya entonces el movimiento revolucionario de la inteligencia decente de finales de los años 60 y principios de los 70 había dado ejemplos de profunda fidelidad a la causa del pueblo. Dostoievski no sólo no los mostró, sino que desfiguró la cara de la inteligencia rusa y calumnió a su mejor parte. En su enfermedad, en su frenesí epiléptico quemó todo lo que había adorado en su juventud, aunque una voz interior luchó constantemente en él hasta el final de su vida. Los demonios es una obra profundamente reaccionaria por la que consiguió que la mejor parte progresista de la inteligencia rusa se rebelara contra su autor durante muchos decenios.

Su rechazo de los ideales de su juventud recibió fuertes críticas por parte de la facción progresista de la sociedad rusa, la cual siempre había reconocido en Dostoievski un gran y peculiar talento literario. Pero Dostoievski era y continúa siendo, con todos sus defectos, un profundo escritor ruso que amaba a su pueblo. En vano se esfuerzan ahora los fascistas en usarle para sus viles fines de odio hacia los hombres.

***

Ya antes de empezar su marcha funeraria con la finalidad de esclavizar al mundo e instaurar un infame «orden» esclavista, los hitlerianos habían intentado extraer de las obras de Dostoievski algunas justificaciones para sus pretensiones de dominación mundial y para su odio hacia la cultura rusa y al pueblo ruso. El conocido tocino báltico de la banda hitleriana Rosenberg, en su delirante obra El mito del siglo XX, dedicó a Dostoievski una serie de páginas en las cuales le llamaba «el cristal de aumento del alma rusa, a través del cual se puede observar toda Rusia, en la que a veces es difícil discernir la diversidad»[1]. Todo el razonamiento de este tocino filosófico y bandido conduce finalmente a demostrar el prejuicio de toda la cultura rusa para justificar la necesidad del exterminio del pueblo ruso y de su cultura y para representar a Smerdiakov – la figura más despreciable de las creadas por Dostoievski en sus obras – como el representante de la mejor parte del pueblo ruso. No en vano, Smerdiakov se sentía cautivado, como Rosenberg, por la «filosofía».

Los fascistas alemanes buscan rasgos de semejanza en las doctrinas de Nietzsche y de Dostoievski y se esfuerzan en granjearse a Dostoievski para justificar sus pretensiones de dominación mundial, del papel de la «raza superior» y de los «superhombres». Naturalmente, Dostoievski nunca tuvo nada en común con la moral de los señores, nunca justificó ni podía justificar la moral de los esclavistas. Al contrario, en muchas de sus obras se mofa de esta moral. En El jugador, por ejemplo, Dostoievski ofrece una graciosa descripción de una pareja de barones alemana, detestable en su arrogancia[2]. Describiendo su viaje a Alemania, Dostoievski constantemente se indigna por la relación arrogante de los alemanes con los rusos y ve en ello las aspiraciones de los alemanes de dominar Rusia y a los rusos[3].

Los infames hitlerianos extraen de las obras del genial, pero enfermo escritor – F. M. Dostoievski – sus ocasionales declaraciones sobre los judíos. Los hitlerianos intentan presentarle como antisemita. También durante la vida de Dostoievski le hicieron este reproche, al cual éste respondió:

…¿Cuándo y en qué he declarado yo mi odio tanto al judío como a su pueblo? Puesto que en mi corazón nunca ha habido tal odio y aquellos judíos que me conocen y han tratado conmigo saben que yo desde el mismo principio y antes de cualquier palabra declino de mí tal acusación de una vez por todas…[4]

Por otra parte, cuando los reaccionarios rusos que apoyaban el gobierno zarista trataron de perseguir al pueblo judío, Dostoievski escribió a este respecto: «Pero por el pueblo ruso se puede responder: oh, él acepta al judío en la más completa fraternidad consigo mismo, a pesar de la diferencia de fe y con verdadero respeto por los hechos históricos de esta diferencia, pero, en cualquier caso, para la fraternidad, para la plena fraternidad….» (ibíd., p. 102)[5].

El lector ve que ya no es tan difícil desenmascarar los viles intentos de los hitlerianos de «tomar como compañero» a F. M. Dostoievski en su infame propaganda de odio al hombre y contra el pueblo, en sus intentos de envenenar una nación tras otra, para debilitarlas y exterminarlas una detrás de otra. Toda la historia del gobierno soviético, especialmente, en los días de la guerra patria, ha mostrado la esterilidad de tales intentos. El 6 de noviembre de 1941, en su discurso, el compañero Stalin señaló cómo los alemanes contaban con el hecho de que, «después del primer golpe serio y tras las primeras derrotas del Ejército Rojo, se abrirían conflictos entre los trabajadores y los campesinos, empezaría la lucha entre los pueblos de la URSS, se iría a la rebelión y el país se fraccionaría, lo cual debería facilitar el avance de los invasores alemanes hasta los Urales. Pero los alemanes aquí también erraron ferozmente en sus cálculos. Las derrotas del Ejército Rojo no sólo no han debilitado, sino que, al contrario, han fortalecido todavía más la unión entre trabajadores y campesinos, así como también la amistad entre los pueblos de la URSS»[6]. Los últimos meses de lucha contra la Alemania hitleriana han fortalecido todavía más esta unión de los pueblos.

Pero, ¿quizás F. M. Dostoievski fuera especialmente benévolo con los alemanes, fuera germanófilo?

Para responder a esta cuestión, es necesario recordar, ante todo, que Dostoievski, a pesar de que también se equivocó en muchas cosas, fue un profundo patriota ruso. Ya en sus primeras obras se mofaba de un alemán, de un tal señor Kraft, que declaraba «que el pueblo ruso es un pueblo de segunda categoría… el cual está destinado a servir de material para pueblos más nobles y a no tener un papel independiente en los destinos de la humanidad»[7]. Fíjense: Dostoievski escribió esto sobre los alemanes muchos decenios antes de la llegada de los fascistas al poder. Vemos que ya entonces reveló las disparatadas pretensiones de los alemanes de un dominio universal y de un dominio sobre el pueblo ruso. En varias ocasiones, resalta en sus obras la enemistad de los alemanes con los rusos.

Dostoievski explica cómo en Dresde casi todos los alemanes con los cuales se encontró después de la guerra franco-prusiana de 1870-1871 le intimidaban con: «Hemos acabado con los franceses y ahora vamos a ir también a por vosotros»[8].

Algunas declaraciones de Dostoievski suenan como si hubieran sido escritas ayer:

…Bueno, y a los alemanes, ¿cómo los alarma la prensa? Diciéndoles que Rusia está a sus espaldas y les coge de las manos, que por culpa suya han dejado pasar su momento de reducir de la faz de la tierra a Francia ya de manera definitiva para no tener que preocuparse más de ella. “Rusia molesta, a Rusia hay que ponerle unos límites, pero, ¿cómo ponerle límites si al otro lado está todavía entera Francia?”. Sí, Rusia es ya la culpable de que ella sea Rusia y los rusos de que ellos sean rusos, es decir, eslavos: odio al pueblo eslavo de Europa, les esclaves, es decir, los esclavos, y los alemanes tienen muchos esclavos: quizás, se subleven (T. X, parte 2, Diario de un escritor, año 1876, pp. 246-247)[9].

Dostoievski estaba profundamente escandalizado por las acciones de los prusianos en Francia en 1870. En una carta a Maikov del 30 de diciembre de 1870, escribió que los alemanes roban y torturan como las hordas de Atila e incluso todavía más[10].

Dostoievski nunca escondió su desconfianza hacia los alemanes, su desprecio por su arrogancia y sus ideas imperialistas. En 1873, anota en Diario de un escritor: «De manera manifiesta o larvada, pero en cualquier caso, arrogancia ilimitada hacia los rusos; he aquí la característica de casi cualquier alemán en relación a Rusia»[11].

Dostoievski escribe sobre la grosería y la insolencia de los alemanes con los cuales se encontró en el balneario de Ems: «Qué odioso me es todo aquí. Qué ruines que son los alemanes…»[12].

En Diario de un escritor de 1876, Dostoievski apunta que «la alemana normal ya lleva consigo la jactancia ilimitada de toda la nación en el caso de algún tipo de éxito, jactancia incluso hasta en el más pequeño, hasta el infantilismo y siempre pasando a la insolencia…» (T. X, parte 2, p. 243)[13].

De semejantes expresiones están llenas sus cartas desde Alemania y sus Notas de invierno sobre impresiones de verano[14].

Sobre las pretensiones de los alemanes de una dominación mundial, Dostoievski escribe con desprecio, con odio: «….El alemán está seguro ya de su completo triunfo y de que nadie puede estar junto a él encabezando el mundo y su renacimiento» (T. XI, parte 1, p. 6)[15].

Pretendiendo la dominación mundial, los alemanes odian al pueblo eslavo, «el alemán desprecia la idea eslava…» (ibíd., p. 7)[16].

Pero Dostoievski, que amaba profundamente su pueblo, estaba convencido de que lo eslavo jugaría un papel creativo en la historia de la humanidad y en más de una ocasión se puso a favor de las codiciosas aspiraciones del pueblo ruso de dominar toda la cultura universal y de su sensibilidad por las ideas progresistas de la humanidad. Dicho sea de pasada, Dostoievski señala muy sutilmente una característica del pueblo ruso de su generación: el ruso puede hablar en todos los idiomas y aprender el espíritu de cada idioma extranjero hasta las más pequeñas sutilezas como si se tratara de su propia lengua rusa. Esto no es cosmopolitismo, esto es la profunda capacidad del pueblo ruso de asimilar una cultura humana diversa, capacidad que debemos desarrollar cada uno de nosotros, puesto que el conocimiento de idiomas extranjeros amplia enormemente las fronteras del conocimiento y del estudio. Justamente por eso, señala el hecho de que escritores extranjeros como Schiller y Goethe, como Shakespeare y Walter Scott son más conocidos en nuestro país que en otros países.

«Shakespeare, Byron, Walter Scott y Dickens son más cercanos y comprensibles para los rusos que, por ejemplo, para los alemanes», escribió Dostoievski. «Esta relación rusa con la literatura mundial es un fenómeno que en toda la historia universal casi no se repite en otros pueblos a un nivel semejante, y si esta propiedad es verdaderamente nuestra característica nacional rusa, qué susceptible patriotismo y qué chauvinismo no tendrían derecho a decir algo en contra de este fenómeno y no querrían ver en ella, por el contrario, el hecho más ampliamente prometedor y más profético en las adivinaciones sobre nuestro futuro» (T. X, parte 1, pp. 204-205)[17].

¡¿Qué hay en común entre Dostoievski, quien valoraba tan altamente la literatura universal, que con entusiasmo se postraba ante Pushkin; qué hay en común entre Dostoievski, que se enorgullecía de ser ruso y los superdemonios hitlerianos que queman en las bibliotecas las grandes obras de la literatura universal y las sustituyen por chapuzas de necios simios incompetentes, de nulidades, de pigmeos y de sádicos?!

Merece atención la relación de Dostoievski con la mujer. Después de la guerra ruso-turca, en la época en la que miles de mujeres rusas trabajaron de manera sacrificada en los campos de batalla y en los hospitales de campo como sanitarias y enfermeras, Dostoievski escribió que «la principal y más salvífica renovación de la sociedad rusa recae, sin discusión alguna, en parte en la mujer rusa… Por fin caen los prejuicios seculares y la Rusia “bárbara” muestra qué lugar llevará en ella la “madre” y la “hermana” del soldado ruso, llena de abnegación y martirio por el ruso. Y a ella, a esta mujer, que tan claramente ha mostrado su valor, se le sigue negando la plena igualdad de derechos que el hombre en la educación, en los estudios, en las obligaciones… Ella ha mostrado qué altura puede alcanzar y cuánto puede hacer… en la tierra rusa, hay muchos grandes corazones de mujeres, las cuales están preparadas para el trabajo social y el sacrificio» (T. IX, parte 2, pp. 316-317)[18].

Dostoievski veía en la mujer rusa una camarada con los mismos derechos, una camarada que de manera sacrificada da toda su fuerza por el pueblo. Los hitlerianos, por el contrario, desean convertirla en esclava. Durante el gobierno soviético la mujer rusa ha obtenido realmente «la plena igualdad de derechos que el hombre en la educación, en los estudios, en las obligaciones», tal y como soñaba Dostoievski. Los hitlerianos, por el contrario, en las regiones soviéticas capturadas, torturan a las mujeres, las conducen a las casas públicas y las venden como esclavas. ¡¿Y acaso estas benevolentes palabras de Dostoievski sobre la mujer no son un golpe de látigo, una bofetada en la cara a los sinvergüenzas fascistas que han causado tanto dolor como humillación a la mujer?!

Dostoievski amaba al pueblo ruso, sobre cuya felicidad él soñaba a su manera, aunque también fuera hacia esta felicidad por caminos equivocados, aunque su voz a menudo sonara de manera errónea. Este escritor ruso no tiene nada en común con los viles verdugos de la banda hitleriana. Dostoievski está lleno de compasión, lleno de amor al pueblo, mientras que los hitlerianos son enemigos del pueblo, enemigos de la humanidad. Dostoievski asigna a la mujer un papel semejante al del hombre, se esfuerza en elevarla y en exaltarla, mientras que los babuinos hitlerianos humillan a la mujer, someten a mujeres y a niños a una tortura y a una violencia monstruosa. ¡Si Dostoievski hubiera podido imaginarse, aunque fuera una milésima parte, los crímenes cometidos por los hitlerianos, con qué terribles palabras estigmatizaría a esta sucia banda de verdugos! Hace ya tres cuartos de siglos, Dostoievski odiaba a los alemanes por sus aspiraciones a la dominación mundial. Sus enojadas palabras contra los alemanes suenan por esta razón con tanta fuerza hoy día.

Lo único que podrían decir con pleno derecho los alemanes sobre los tipos creados por Dostoievski es que ellos, degenerados fascistas, son los más plenos exponentes de los Smerdiakovs. Más aún, he ahí donde están los verdaderos y completos Smerdiakovs, quienes piensan que a ellos les está «todo permitido», quienes están preparados para cometer cualquier tipo de crimen para construir su propio bienestar y el bienestar de toda una generación de Smerdiakovs, los cuales no tienen cimientos morales algunos. He aquí quiénes son todos estos Hitlers, Himmlers, Goebbels, Rosenbergs y otras escorias fascistas que embadurnan hoy a F. M. Dostoievski con sus patas manchadas en la sangre de millones de personas torturadas por ellos. Es más, incluso Smerdiakov es un ángel en comparación con la banda de degenerados, con la horda hitleriana que ha irrumpido en nuestro país y en los países de la Europa occidental.

Si Dostoievski pudiera levantarse de su tumba, ¡qué terribles maldiciones echaría sobres estos viles verdugos! Con todo el dolor de su sufrido y torturado corazón y de su vida envenenada por el zarismo gritaría a estos verdugos: «¡Quitad vuestras manos de mí, vosotros, sucios miserables, bebedores de sangre, verdugos! ¡No hay lugar para vosotros en nuestra preciosa tierra, destinada a que en ella crezca en plena flor la vida plural del pueblo ruso en fraternidad con todos los otros pueblos!».

 

Traducción de Jordi Morillas.

 

Prohibida la reproducción total o parcial, sin permiso explícito del autor.



[1] [La cita literal es la siguiente: «Dostoievski es el vaso de aumento del alma rusa; a través de su personalidad se puede leer toda Rusia en su a veces difícilmente interpretable variedad». Alfred Rosenberg, El mito del siglo XX, Múnich, 1934, pág. 119. Todas las notas entre corchetes son del traductor.]

[2] [En concreto, en los capítulos VI y X de la obra.]

[3] No estoy de acuerdo con el camarada V. Ermilov, quien considera que los hitlerianos habrían desfigurado a Nietzsche, «intentando “adaptar” algunas ideas nietzscheanas a su nivel». Apenas hace falta rehabilitar a Nietzsche, cuyas ideas sobre «el superhombre» y «la bestia rubia» le han hecho en realidad precursor del fascismo. Tampoco estoy de acuerdo con otras afirmaciones del autor del artículo «Iz dnevnika», aparecido en el diario Literatura i iskusstvo, el 5 de septiembre de 1942.

[4] F. M. Dostoievski, Polnoe sobranie sochinenii, T. XI, parte 1, pág. 86. Edición de A. Marx, 1895. Todas las citas de las obras de Dostoievski se hacen a partir de esta edición. [El autor cita del artículo «La cuestión judía», publicado en Diario de un escritor en marzo de 1877 y que se encuentra en la edición crítica de sus obras (= PSS) en el vol. 25, pág. 75.]

[5] [«¡Y viva la fraternidad!», publicado en Diario de un escritor en marzo de 1877, PSS 25:87.]

[6] [El autor cita las palabras del discurso de Stalin ante los diputados del soviet de Moscú de los trabajadores y los representantes del partido de Moscú y organizaciones públicas en el 24º aniversario de la gran revolución socialista de octubre.]

[7] [La cita se encuentra en el capítulo tercero de la primera parte de El adolescente, la cual no es en absoluto, como el lector sabe, una de sus «primeras obras».]

[8] [«Sobre la belicosidad de los alemanes», publicado en Diario de un escritor en agosto de 1876. PSS 23:60.]

[9] [«La última palabra de civilización», publicado en Diario de un escritor en agosto de 1876. PSS 23:62.]

[10] [La carta de hecho decía: «¡Si usted supiera cómo se ve esto desde aquí! Pero si usted supiera qué repugnancia más fuerte, hasta el odio, me ha suscitado Europa en estos cuatro años. Señor, ¡qué prejuicios tenemos en relación con Europa! ¿Acaso no es un bebé este ruso (y, de hecho, casi todo aquel) que cree que ha vencido la escuela prusiana? Esto es incluso obsceno. ¿Una buena escuela que roba y tortura como las hordas de Atila? (¿Y quizás todavía más?)». PSS 29.1:161]

[11] [«Una serie de artículos sobre literatura rusa», de 1861 y no de 1873, como erróneamente indica el autor. PSS 18:43.]

[12] [La carta a la que se refiere el autor es la dirigida por Dostoievski a su esposa Anna Grigoriévna desde Ems el día 8(20)-9(21) de julio de 1874. La cita completa es como sigue: «Ay, Anja, qué odioso me es todo aquí. Qué ruines que son los alemanes; y los rusos, quizás, sean todavía peor que los alemanes». PSS 29.1:348]

[13] [«Sobre la belicosidad de los alemanes», publicado en Diario de un escritor en agosto de 1876. PSS 23:60.]

[14] [Estas importantísimas anotaciones de Dostoievski sobre su primer viaje a Europa publicadas en 1863 se encuentran traducidas al español tanto en la edición de las obras completas a cargo de Cansinos-Assens en Aguilar, como en la dirigida por Augusto Vidal en Vergara.]

[15] [«Tres ideas», publicado en Diario de un escritor en enero de 1877. PSS 25:7.]

[16] [«Tres ideas», publicado en Diario de un escritor en enero de 1877. PSS 25:8.]

[17] [Las dos citaciones provienen de «La muerte de George Sand», publicado en Diario de un escritor en junio de 1876. PSS 23:31. La cursiva en el texto no es de Dostoievski, sino del autor del artículo.]

[18] [«Una insinuación magistral para el futuro hombre ruso intelectual. La indudable herencia de la futura mujer rusa», publicado en Diario de un escritor en septiembre de 1877. PSS 26:33.]