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¿Son los alemanes un problema para la convivencia europea?

La respuesta alemana (II).

 

En el informe anteriormente presentado acerca de la polémica iniciada por el periodista alemán de la revista progresista Der Spiegel, Jan Fleischhauer, sobre el carácter cobarde y de «no raza» del pueblo italiano, vimos, sobre todo, la respuesta italiana al ataque. Los medios de lengua alemana, si bien con cierto retraso, se han hecho también eco del conflicto.

El primer periódico que parece reflejar la polémica ha sido el suizo Tages-Anzeiger (24.01.2012)[1], que, de la mano de Nina Merli, exponía los exabruptos del periodista alemán Fleischhauer y la respuesta dada el mismo día por La repubblica, afirmando que «un cliché persigue al otro». Seis días más tarde[2], el mismo diario se hacía de nuevo eco de la noticia, en esta ocasión destacando y denunciando la exagerada respuesta de Il Giornale, al cual acusaba de «malintencionar» las palabras del periodista germano, puesto que en ningún momento habría sido su intención argumentar desde un punto de vista racial.

Ya en Alemania, el diario progresista Die Zeit[3] publicaba el día 29 de enero un escrito de Fabio Ghelli, en el que éste habla de «conflicto entre los medios de comunicación» y señala cómo tanto Fleischhauer como Sallusti han iniciado una serie de acusaciones graves el uno sobre el otro, cargando, sin embargo, las tintas sobre el editorialista de Il Giornale. Éste habría escrito un «titular chocante» precisamente el día de la memoria del Holocausto, lo cual es calificado de «sencillamente horripilante». Asimismo, Ghelli sostenía que la actitud «radicalizada» de Sallusti respondía a motivaciones de política interna italiana y a cálculos políticos de Berlusconi, quien estaría intentando de esta manera ganar de nuevo popularidad y votos de cara a las próximas elecciones italianas. Ghelli concluía su artículo haciendo referencia a las declaraciones de Umberto Eco efectuadas en el transcurso de la misma semana, en las cuales sostenía que «sólo la cultura nos une»[4]. Estas palabras le servían para criticar la actitud tanto del periodista alemán como del italiano. En la misma dirección fue el diario austríaco Tiroler Tageszeitung (30.01.2012)[5].

Como ya se indicó en el informe anterior, varios medios italianos, sobre todo, los izquierdistas enemigos de Berlusconi, aprovecharon la polémica para criticar de nuevo al ex presidente, desprestigiando a Sallusti como pésimo periodista y justificando el ataque alemán. Con todo, merece ser citado el blog «Caffè scorretto», el cual, con el ciceroniano lema «Dubbi sinceri per false verità», recoge también toda una serie de críticas al redactor de Il Giornale y recuerda, no obstante, que «el problema es que, en el año 1977, Berlusconi hacía de ‘palazzinaro’[6] y no era el presidente del gobierno y que fue justamente el Der Spiegel el que publicó la famosa portada con la ‘pistola en los spaghetti’»[7]. La ilustrativa portada en cuestión era la siguiente:

 

 

Italien

 

La respuesta que falta en toda esta polémica es, sin embargo, la del autor alemán, Jan Fleischhauer. En los medios alemanes parece que no ha dicho nada, mas en los italianos apareció una entrevista el día 27 de enero en el diario La Stampa, en la que comentaba lo sucedido con unos términos bastante reveladores e inquietantes. Ya el titular de la entrevista lo dejaba todo bastante claro: «He sido mal comprendido por aquellos que no saben alemán». He aquí la entrevista completa llevada a cabo por Alessandro Alviani en Berlín[8]:

El editorialista del Spiegel contesta al Giornale: «He sido mal comprendido por aquellos que no saben alemán».

El editorialista del Spiegel online, Jan Fleischhauer, autor de un controvertido artículo sobre los italianos aparecido en la web del semanario alemán, no ha leído todavía íntegramente el comentario publicado en la primera página de Il Giornale, titulado «Nosotros Schettino, vosotros Auschwitz». «Me lo haré traducir», asegura a la Stampa. Lo ha intentado únicamente con el traductor automático de Google y aquello que ha intuido le ha dejado asombrado. Probamos de traducirle un pasaje entrecomillado: «con nosotros no pasan ciertas cosas porque, a diferencia de los italianos, somos una raza». Fleischhauer escucha en silencio y exclama después: «No, esta frase no es mía. No escribiría un disparate semejante».

Herr Fleischhauer, ¿está sorprendido por la protesta?

Se trata de una reacción particularmente dura que me ha asombrado. El artículo del Giornale ha provocado ulteriores mails de protesta. Esto es el resultado de una interpretación del todo errónea de mi comentario. El contenido de mi artículo ha sido invertido para hacerlo más interesante a los lectores: yo he escrito expresamente que considero absurdo usar el término «raza» cuando se habla de los pueblos. Los pueblos no son de razas. En la primera parte del artículo he intentado anticipar posibles reacciones y críticas.

Sí, pero su paréntesis sobre la raza se rendía al malentendido. ¿Qué quería decir exactamente?

No intentaba decir que todos los italianos son como Schettino. De Schettinos también hay en Alemania, así como en todo el mundo. Así que soy perfectamente consciente de que en esta tragedia hay personas que se comportan de manera muy diversa, como el comandante del puerto de la oficina del puerto (De Falco, nota del redactor). Pero ésta no es la cuestión. La inclinación, el querer hacer «bella figura» e impresionar a los otros: éstas son cualidades que se encuentran tanto entre los italianos como entre los alemanes. Conozco pocos alemanes a los cuales se les habría ocurrido hacer una inclinación para saludar a su madre.

Sí, pero aquí volvemos de nuevo a los estereotipos…

Lo interesante de la cuestión es que las personas que me han escrito para protestar lamentan una estereotipación de los italianos. Al mismo tiempo, sin embargo, subrayan los aspectos positivos de los italianos: también éstos son estereotipos. No se pueden combatir los estereotipos negativos con los positivos: siempre son puros estereotipos. Y luego también hay muchos tópicos sobre los alemanes: todos los chistes sobre Merkel o sobre los alemanes funcionan únicamente porque son sólo estereotipos. Por cierto: si hubiera dicho que los italianos son grandes amantes no habría recibido ninguna carta de protesta. He ido muchas veces a Italia y es notable escuchar los estereotipos de los italianos del norte contra los del sur.

¿Cree, en suma, que se trata sólo de un malentendido?

La mayor parte de los que me escriben no saben alemán y dependen, por tanto, de las interpretaciones de mi texto proporcionadas por los medios italianos, una interpretación que es, sin embargo, errónea. Muchos lectores verían la cuestión de manera mucho más relajada si pudieran leer mi comentario en la lengua original.

El embajador en Alemania sabe perfectamente alemán. Y ha protestado con una carta.

Quizás ha querido tomar posición por vía de la protesta ante sus compatriotas.

¿Reaccionará al editorial del Giornale?

No, sería egocéntrico. Mi próximo editorial tendrá un tema completamente diferente. Mi comentario era un poco irónico y burlón. Lo están tomando mucho más en serio de lo que era. Por cierto: cuando escribo sobre los alemanes, los critico de la misma manera y con el mismo tono irónico.

Las conclusiones son claras y evidentes para cualquier lector: Jan Fleischhauer no sólo no se arrepiente de lo que ha escrito, sino que además señala como origen de la polémica el hecho de que los italianos no saben «bien» alemán ni tienen sentido del humor al tomarse «mucho más en serio de lo que era» su artículo contra Italia. Sobre cómo el nuevo racismo alemán se fundamenta en la lengua de la misma manera que, por cierto, en otras regiones de Europa y no tan lejanas a nuestra realidad nacional, invito al lector interesado a leer el texto «¿Es la lengua alemana un idioma de cultura? Genocidio y racismo: contribución a la historia reciente de Alemania»[9].

Por último, se remite al lector a un artículo muy ponderado y curioso en español sobre las relaciones entre Alemania e Italia, titulado «Amigos alemanes, relájense»[10] y a un vídeo, en el cual el director del diario Il Giornale, Alessandro Sallusti, comenta la polémica surgida y justifica tanto su portada «provocativa» como también su postura de defensa de la dignidad de los italianos:

 

 

 



[6] Término de argot, con el cual se denomina a aquéllos que se hacen ricos con la especulación financiera.

[9] http://www.agonfilosofia.es/index.php?option=com_content&view=article&id=24%3Aalemanidiomacultura&catid=13&Itemid=15. Así mismo, puede consultarse el denominado “libro subversivo” de Jesús Lainz, Desde Santurce a Bizancio: el poder nacionalizador de las palabras (Ediciones Encuentro, Madrid, 2012), vetado en las salas de algunas librerías catalanas.